20 de junio de 2019

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Tato Bores y la Prevención (5º parte)

Mientras tanto se morían cuatro o cinco personas por día, pero como eso siempre le ocurría a “los otros”, muy pocas personas, lo tenían en cuenta.

Al parecer existía un papiro, que llamaban LRT que aparentemente siempre estaba en estudio para realizarle algunos cambios pero que posteriormente no se realizaban, por distintos motivos. En algunos años, porque eran años denominados electorales y en otros por que directamente los legisladores, no se les “cantaba las ganas“, (argentinismo éste no muy comprendido por los integrantes del equipo de arquéologos), pero mientras tanto los empleados seguían muriendo cuatro o cinco personas por día y los empleadores pagando.

En algunos medios de difusión se puede leer después de los años transcurridos que los grupos denominados sindicalistas y los empleadores, manifestaban que siempre estaban dialogando con los representantes del Estado, para mejorar las condiciones de trabajo. Posteriormente se comprobó que esos denominados diálogos no eran tales y sólo trataban de sacar un mejor partido para sus respectivos grupos y la prevención no contaba para nada. Mientras tanto se seguían extinguiendo los argentinos poco a poco a razón de cuatro o cinco por día.

Algo que llamó mucho la atención de nuestros investigadores, continúa el informe arqueológico, que en 2009, una gran epidemia de Dengue, que los médicos argentinos anteriormente ya creían que estaba terminada desde hacía más o menos 20 años, comenzó a presentarse de nuevo a partir de un brote del mismo en determinada provincia del norte. Tal vez por descuido de las autoridades que no supieron detectarla a tiempo, o seguramente de los pobladores marginales, desnutridos y analfabetos, que no sabían que era.

O sólo porque “la culpa la tenía el mosquito“, como dijo en ese entonces la ministra de salud de esa provincia y se fue apurada a preparar su renuncia para presentarse como diputada de algo que llamaban “testimonial“.

Pero lo que llamó poderosamente la atención y que fue determinada fehacientemente con el estudio de internet 5.0, que en el período de cinco meses de 2009, fallecieron sólo cinco personas, en ese transcurso el gobierno de turno y los numerosos particulares, acertadamente harían una inmensa campaña de prevención del Dengue, en la cual no quedó casi nadie de la población que no supiera como prevenirlo.
Realmente un acierto de la prevención, que cuando es bien entendida, se realizaba como corresponde.

Esta campaña decididamente fue muy comentada por todos lo medios de comunicación y fue muy importante, pero no se realizó lo mismo con el tema de prevención de riesgos del trabajo, en el cual se murieron en trece años de vigencia, hasta 2009, la cantidad de 13.000 personas en el acto que los argentinos usaban para ganarse la vida.

Este contraste de cifras y de campañas de prevención sólo podría ser explicado por la frialdad y desinterés con que se tomaban las muertes por accidentes de trabajo, versus las muertes por Dengue. Y es, que en la fría y egoísta mentalidad argentina, primaba el convencimiento de que los accidentes y enfermedades del trabajo eran cosas que siempre le ocurrían “a los otros”, en cambio el Dengue era “para todos”. No otra podría ser otra la calificación de las distintas magnitudes de prevención realizadas en uno y otro caso. Lo que pinta de cuerpo entero, a estos humanos que se denominaron argentinos.

Argentinos que, se cree, se fueron extinguiendo por varias causas, una de ellas es como decíamos antes la poca importancia que le daban a la prevención de los riesgos del trabajo.

Visto desde la perspectiva que dan miles de años, los científicos concluirían que, tanto los llamados empleadores como los denominados empleados ambos tenían razón, por que descubrieron tal vez muy tarde para la época que se vivía, que cuando había un infortunio laboral, siempre eran dos personas las que sufrían las consecuencias, el denominado empleado en su cuerpo y el empleador en su bolsillo.

Sin embargo, se encontró posteriormente algunos sobrevivientes de la cultura argentina que manifestaron haber sido descendientes de dos grupos de personas bien definidas que jamás habían estado expuestas a los por ellos calificados “nefastos riesgos del trabajo”.

Ellos dijeron que lograron sobrevivir por que pertenecían a dos grupos bien diferenciados de los anteriores. Uno de ellos eran los denominados “empleados públicos“ y los otros que curiosamente vivían de unos planes, que no podemos clasificar, llamados entonces “planes trabajar“.

Nadie sabía muy bien el porque había desaparecido, mientras mostraba un mapa de América del Sur donde el lugar ocupado por la “mítica” Argentina es parte del océano atlántico.

A partir de allí se tejen innumerables historias sobre los “Argentinos”: Que son únicos, que son “mas papistas que el Papa”, que Gardel cada día canta mejor”¦ y Maradona”¦ y la Selección”¦ y la Crotoxina”¦ en fin. Nadie ha podido, según Tato, demostrar que los Argentinos existieron.
 
Pero algo es seguro: de haber existido son únicos y una raza aparte.

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