21 de agosto de 2018

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Tato Bores y la Prevención (4º parte)

Existía también una herramienta de control que en otras culturas fue muy bien utilizada que se denominaban “estadísticas“. Esta herramienta muy útil a veces, al parecer en Argentina no daban el resultado esperado por los representantes del Estado y sus cifras, caían en un agujero negro perdiéndose en el mismo. Estadísticas que fueron también irreconocibles y totalmente desprestigiadas al igual que lo que ocurría en la misma época con las estadísticas de otro “ente“ denominado INDEC, con la diferencia que aquí no fue un agujero negro, si no uno “Moreno“.

Por encima del grupo de las ART, existía algo que era gris, intocable y a veces invisible e inexistente, denominado “el Estado“, que paradójicamente debía controlar que las ART, a su vez controlaran a las empresas para que éstas realizaran la prevención, pero como el estado prácticamente no existía, nadie controlaba nada e incluso en algunos casos se dedicaba a “tapar” las cosas incorrectas que las ART hacían. Esto se daba por ejemplo en el caso de una herramienta que el Estado había encontrado y que después la hizo desaparecer y que se denominaba SIEDART.

El SIEDART era un interesante programa que había implementado la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y que servía para medir el grado de incumplimiento de las ART que era mucho. Al Superintendente que lo comenzó a aplicar lo retiraron posteriormente sin explicaciones por haber tenido la osadía de inventarlo. Con esa herramienta en la mano se podía comprobar que el grado de incumplimiento de las ART era casi tan alto como los incumplimientos de las empresas (97 %), que se hablaba antes, con lo cual se ponía en evidencia que no se había realizado nada en prevención en todos esos años.

Pero la realidad demostraba que las que incumplían en ese momento eran las ART con el agravante que cobraban mensualmente por algo que no realizaban. También surgen evidencias de varias ART extranjeras que vinieron a Argentina, atraídas por el buen negocio que era: cobrar por un servicio prometido y no cumplirlo. Parece que pronto los extranjeros también se pintaron con la “viveza criolla“.

Los “empleadores“ pagaban rigurosamente la cuota de seguro a las ART, y éstas “seguro” que no aportaban nada en la prevención y le complicaban más las cosas a los empleadores. Claro que ellos se daban cuenta recién cuando perdían un juicio laboral, y tenían que pagar las indemnizaciones correspondientes. Una pregunta sin respuesta muy común entre ellos, era: ¿y entonces para que estoy pagando las ART?. Nadie sabía responderlas.

Un cambio rotundo de la apreciación general de las ART, lo daba lo que sedenominaba “Sentencia Judicial”. Hubo una muy famosa por el sacudón que dio en su momento una sentencia que todos conocían como “Aquino“, pero poco a poco se fue desdibujando su importancia y pronto se dieron cuenta que “A qui no“ ha pasado nada. Todo siguió igual que antes, muriéndose anualmente cuatro o cinco personas por día, por falta de prevención.

En alguna parte del espacio cibernético de ese entonces, se encontró evidencias que contenían unos escritos elegantes, que en esa época se llamaban “leyes“ y que todos deberían cumplir pero que lamentablemente nadie cumplió y por eso habría desaparecido no sólo la prevención del país, sino el país mismo.

Lo que no queda muy bien claro es si las ART vinieron por la falta de prevención o la falta de prevención la trajeron las ART, o ambas cosas pueden ser verdaderas.

Mañana la seguimos

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