21 de abril de 2019

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Tato Bores y la Prevención (3º parte)

Encontrarían también que había un “grupo de empleadores“ que no querían realizar prevención o no lo hacían porque existía un “adagio mentiroso“, creencia muy arraigado en esa época, que era repetir que la “prevención era cara“.

Y que a fuerza de repetirlo constantemente casi todas las empresas terminaron por creerlo como algo cierto, cuando precisamente lo cierto era lo contrario, la prevención nunca fue cara, lo que costaba mas es precisamente la falta de prevención.

Todo esto según “otro papiro”, encontrado entre los restos de numerosas fábricas de lo que fue la Argentina.
Otra “falacia circulante“ en esa época, dentro del grupo de empleadores, era que las empresas que hacían prevención, lo podían hacer porque eran grandes empresas, sin darse cuenta que esas empresas se hicieron grandes porque entre otras cosas, realizaban correctamente la prevención de los riesgos del trabajo con sus empleados.

Muchos empleadores se ufanaban en ese momento de poder cumplir las Normas ISO 9000, 18000, 45000, 190.000 y algunas otras mas, en donde precisamente uno de los puntos a cumplir era que la empresa fuera sustentable y saludable. O sea cumplir con la prevención de los riesgos de su propio trabajo. De acuerdo a evidencias encontradas en “papers” de la época, quienes se dieron cuenta de esto rápidamente, fueron las grandes empresas o multinacionales que viniendo de otros países venían con una cultura preventiva acorde a su casa matriz.

Según otras publicaciones de la época había otro grupo llamado “los prevencionistas“ que no se cansaban de pregonar que había que realizar prevención, pero al parecer nadie los escuchaba. Entre los prevencionistas había nítidamente “dos grupos“ bien definidos, que entre ellos a veces se llevaban bien y a veces no, uno llamado “médicos laborales“ y otro denominado “ingenieros laborales“. No siempre trabajaban en forma coordinada y al parecer a veces producían ciertos desencuentros que en lugar de sumar restaban a la prevención.

También existía otro grupo denominado los “abogados laborales“, quienes también “abogaban“, por la prevención, pero ellos no eran muy convincentes por que precisamente eran ellos quienes más se beneficiaban cuando existían accidentes o enfermedades profesionales, por la falta de prevención.

Parece que con la viveza criolla, habían encontrado un jueguito misterioso que muchos denominaban “juicios laborales“, con los cuales ganaban dinero defendiendo a las viudas y viudos, que se morían por los accidentes. De estos personajes, había algunos más adelantados que no esperaban que los vinieran a buscar sino, que salían ellos mismos a esperarlos en los hospitales cuando venían en las ambulancias, que eran vehículos especialmente formados para llevar heridos.

A esta rama se los conocía vulgarmente como “correambulancias“, y eran rápidos, porque hasta llegaban a alcanzarlas.

Mañana la seguimos”¦

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