21 de octubre de 2019

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España: Dermatitis laboral

Con esta entrada, damos continuidad a la serie sobre las enfermedades laborales más frecuentes en España y que pretende hacer énfasis en efectos sobre la salud y seguridad de los trabajadores, el cual siempre ha sido bastante menos visible o patente para la sociedad que los accidentes de trabajo.

En esta ocasión trataremos brevemente acerca de la dermatitis de origen laboral, la cual según el Observatorio Estatal de Condiciones de Trabajo, se encuentra dentro de las 20 patologías laborales diagnosticadas más habituales en España durante el periodo 2007-2012 junto con otras como la hipoacusia, el asma, la bursitis de la rodilla, la silicosis y la conjuntivitis.

Causas

La dermatitis es una inflamación de la piel debida a la exposición de la piel a determinadas sustancias presentes en el ámbito de trabajo. Se distinguen dos tipos de dermatitis de contacto: irritantes y alérgicas.

La dermatitis irritante se desencadena por el contacto de la piel con una sustancia irritante y que produce daños en la piel. Constituye la inmensa mayoría de las dermatitis de contacto, y suele incidir sobre las zonas que tienen exposición directa sobre el agente irritante. Los irritantes más comunes son aceites de corte y otros disolventes, álcalis y ácidos, además y los agentes presentes en el trabajo en condiciones de humedad, los cuales retiran el manto graso de la piel de forma que permite el fácil acceso de las sustancias a través de la piel.

Las dermatitis alérgicas se producen por la sensibilización desarrollada a una sustancia tras la exposición a la misma, y que desencadena una reacción inmune en el trabajador. El periodo de sensibilización puede variar de días, a meses, e incluso años. Se trata de una reacción diferente a la dermatitis irritante ya que mientras que el ésta la respuesta está relacionada con la exposición, en el caso de la dermatitis alérgica, una vez que se ha desarrollado la sensibilización, la reacción puede dispararse incluso con exposiciones muy pequeñas a la sustancia específica para la cual se ha desarrollado la sensibilización.  Los agentes sensibilizantes más comunes son las sales de cromo, el níquel, las resinas epoxi, el formaldehído, polvos de madera y harinas, etc.

Incidencia

La bibliografía nos señala que las actividades que más habitualmente están relacionadas con el desarrollo de dermatitis entre sus trabajadores son las siguientes:

  • Minero y explotación de canteras
  • Otros servicios personales (en particular, peluquerías y otros tratamientos de belleza)
  • Fabricación de automóviles e industrias del plástico
  • Personal sanitario y de fabricación de productos farmacéuticos
  • Actividades de descontaminación y otros servicios de gestión de residuos
  • Fabricación de productos de caucho y plásticos
  • Fabricación de productos metálicos
  • Industria alimentaria: panaderos y pasteleros
  • Industria del calzado: colas o pegamentos
  • Veterinarios y ganaderos

Medidas de prevención

El primer paso en la prevención de riesgos es eliminar el riesgo, siempre que sea posible, deberemos intentar eliminar completamente la sustancia causante de la dermatitis sustituyéndola por otra sustancia no tóxica o menos tóxica.

Adicionalmente puede optarse por medidas de otro tipo, como limitar el tiempo de exposición a la sustancia o la instalación de sistemas de extracción localizada para minimizar la exposición al agente causal.

Por otro lado, y de forma complementaria puede optarse por medidas de higiene personal que pasan por la facilitación de instalaciones donde los trabajadores puedan retirar la sustancia de la piel mediante el lavado tantas veces como sea necesario. En este punto deberemos tener en cuenta que el agente detergente no deberá dañar la piel del usuario al retirar la capa grasa de la piel o mediante abrasión mecánica excesiva. Además, tras el lavado el uso de cremas de manos u otros emolientes, pueden ayudar al reemplazo de los aceites naturales de la piel.

Uso de Equipos de Protección Individual

En este punto, debemos reseñar aquí la importancia que tienen el uso de los Equipos de Protección Individual como medida preventiva de este tipo de enfermedades, cuando el resto de medidas no ha podido reducir el riesgo a niveles aceptables, o también para su uso como forma complementaria al resto de las medidas aquí comentadas.

Debido a que la mayor parte de las dermatitis por contacto se desarrollan en las manos de los trabajadores, debemos hacer una mención especial a los guantes de protección. Así, y dado que la mayoría de los agentes irritantes y sensibilizantes son agentes químicos, los guantes de protección contra riesgos químicos que cumplen los requisitos de la norma EN 374-1:2003 serán la opción mayoritaria en la mayoría de los casos.

En este sentido, debemos hacer hincapié en que la elección del guante apropiado, se deberá tener en cuenta la naturaleza química del agente causal, ya que los guantes de protección contra sustancias químicas son ensayados para determinar la permeabilidad del material constitutivo del EPI frente a distintos tipos de sustancias químicas. El fabricante indicará en su folleto informativo los niveles de prestación alcanzados para los distintos tipos de sustancias químicas frente a las cuales el EPI ha sido ensayado.

Por otro lado, debemos tener en cuenta que los guantes de protección contra sustancias químicas suelen estar confeccionados a partir de algún tipo de polímero, por lo que la mano puede sudar durante su uso. El sudor es por sí mismo un irritante, por lo que debe tenerse en cuenta que el guante debe cambiarse con regularidad.

En los últimos tiempos, las cremas protectoras se han convertido en un buen complemento en la protección de la piel frente a sustancias irritantes. No obstante, nunca se debe olvidar que estas cremas no son en ningún caso un sustitutivo o un medio de protección equivalente a un guante de protección impermeable. Además, las cremas protectoras sólo son eficaces en la piel sana. Las cremas de protección deben estar adaptadas al tipo de agresión característica del medio de trabajo (tipo de sustancia química, radiación solar, etc.)

Por último, en determinadas situaciones puede ser necesaria la utilización de ropa de protección que impida el contacto de las sustancias químicas con la piel del trabajador. En este caso no estamos hablando de ropa corriente que tiene como fin el evitar que el usuario ensucie sus prendas habituales (en este caso no hablamos de EPI), sino de prendas de protección que tienen como finalidad el ofrecer una barrera eficaz contra la penetración de sustancias químicas que puedan actuar como irritantes y/o alérgenos.

Dependiendo de las características del riesgo químico (nivel de riesgo evaluado, forma física y cantidades en las que se presente el contaminante), se elegirá un tipo de prenda u otro, cuyos requisitos están definidos en las correspondientes Normas:

  • Tipo 1: Trajes herméticos a gases (EN 943-1:2015)
  • Tipo 1-ET (EN 943-2:2002): Trajes herméticos a gases destinados a equipos de emergencias.
  • Tipo 3: Protección frente a líquidos (EN 14605:2005+A1:2009)
  • Tipo 4: Protección frente a pulverizaciones de líquidos (EN 14605:2005+A1:2009)
  • Tipo 5: Protección frente a polvo y partículas sólidas (EN ISO 13982-1:2004)
  • Tipo 6: Protección frente a pequeñas salpicaduras (bajo nivel de protección) (EN 13034:2005+A1:2009)

Como siempre recordamos en estos casos, únicamente los equipos debidamente certificados según el RD 1407/1992 podrán ofrecernos una garantía acerca de que el EPI se comportará como se espera de él que se comporte. Además de ello es absolutamente fundamental que el EPI haya sido seleccionado según las indicaciones que se detallan en el RD 773/1997 y que sea utilizado siguiendo de forma precisa las instrucciones que el fabricante detalla en su folleto informativo.

Fuente: asepal.es

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