22 de enero de 2019

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Argentina: Violencia laboral, una práctica que enferma y se cuenta de a miles

“Toda acción, omisión o comportamiento, destinado a provocar, directa o indirectamente daño físico, psicológico o moral a un trabajador o trabajadora, sea como amenaza o acción consumada” es considerada violencia laboral. Así lo define el Ministerio de Trabajo de la Nación, a través de una oficina específica que interviene en el tema desde 2005 y recibe denuncias desde hace una década. Muchas denuncias; más de 11 mil, de las cuales el 70 por ciento corresponde a mujeres, víctimas de todas las formas de acoso previstas en la tipificación, sobre todo sexual.

Patricia Sáenz, coordinadora de la Oficina de Asesoramiento sobre Violencia Laboral, estuvo en la ciudad para participar de un encuentro presidido por el ministro de Trabajo, Julio Genesini, junto con autoridades de la cartera laboral de la provincia y referentes gremiales a quienes trasladó datos, experiencias locales e internacionales, y propuestas, como la de motorizar una ley nacional de violencia laboral, norma que sí existe en ésta y otras provincias, y crear un observatorio que reúna estadísticas concretas sobre las cuales basar las acciones.

Hace tiempo que Sáenz -abogada con posgrado en Derechos Laborales y Discriminación- está involucrada en esta temática. Más de una década atrás, integraba la comisión tripartita de Igualdad de Trato y Oportunidades. “Se planteaba entonces el tema del ausentismo y la preocupación del sector empresario y de los sindicatos”. A partir de entonces se empezó a hablar de un tema para el que todavía no estaban claros los conceptos y se definió qué es la violencia laboral y de qué manera se manifestaba. Se supo también que la violencia psicológica tenía una alta prevalencia en ese ausentismo: “La gente terminaba faltando a su trabajo por enfermedades psiquiátricas, derivadas de un vínculo nocivo con empleadores o con sus mismos pares”. Porque la violencia en el trabajo puede ser ejercida por personas de rangos superiores o medios, o por los propios compañeros y compañeras.

“Había que incorporar socialmente el tema”, admite la funcionaria y señala que “fue un trabajo en el que se aprendió al andar” y que incluyó reuniones con 150 organizaciones sindicales para promover la creación de espacios donde se pueda atender la problemática, y más de 70 empresas líderes con el objetivo de elaborar protocolos de actuación.

En la oficina que lidera, se reciben las denuncias, se asesora al trabajador, se pide autorización para intervenir, se cita al empleador para ponerlo en conocimiento de la denuncia y se realizan actividades de acercamiento de partes. “No hay poder sancionatorio; para eso se requiere una ley”, objetivo sobre el que se está trabajando a través de proyectos que, espera, serán unificados para llegar este año al Congreso.

Una práctica que enferma

A la Oavl las denuncias llegan a través de trabajadores y trabajadoras que se presentan en forma espontánea. “Es un procedimiento confidencial porque cualquier persona que atraviesa por esta situación tiene miedo a perder el trabajo”. El tema se aborda en equipo junto con un abogado y una psicóloga, porque “lamentablemente, cuando vienen a vernos después de recorrer varios lugares, ya hay un deterioro grande en la salud”.

Si el trabajador o trabajadora lo autoriza, la oficina se comunica con el empleador, “nunca con quien acosa”; lo hace a través de una notificación por cédula del Ministerio y la empresa tiene diez días para responder. “En un 80 % de los casos se logró que las empresas quieran recomponer el vínculo con el empleado y puedan continuar en buenas condiciones”.

Sáenz aclaró que desde el Ministerio no existe la posibilidad de sancionar a las empresas con una multa. “Pero sí hubo sanciones directas de las empresas a los acosadores”, porque es difícil trabajar en ese núcleo donde otras personas se involucran; “si se produjo una situación de violencia, hay un grupo que se enfermó alrededor de esto, ya sea callando, no pudiendo denunciar o tratando de ser cómplice en una situación que lastima”.

Una doble vulnerabilidad

En la década que lleva funcionando la oficina, se hicieron visibles y por lo tanto se desnaturalizaron, numerosas prácticas. “A partir de la Ley de Violencia hacia las Mujeres hubo un incremento de denuncias”, admite Sáenz quien reconoce que en los últimos dos años se mantuvo claramente una tendencia: “Las mujeres somos las que más denunciamos porque tenemos una doble vulnerabilidad en el mundo del trabajo, no sólo porque ingresamos en distintas condiciones que los hombres -lo dice quien, en sus comienzos como abogada, ganaba menos que sus pares varones-, sino también porque en toda la vida laboral el acoso sexual se convierte en una forma de sometimiento”.

En concreto, en estos últimos años aumentaron las denuncias por acoso sexual. “La mujer sufre más violencia sexual en el desarrollo de toda su vida laboral, mientras que entre hombres hay más agresiones físicas”, modalidad que comenzó a hacerse manifiesta también hacia el género femenino: “Se las empuja o golpea para que se retiren de sus lugares de trabajo”.

También son víctimas de acoso las personas con otra orientación sexual. En todos los casos, la violencia puede ser ejercida por un superior, mandos intermedios o los propios compañeros. “Esta última es la que más duele porque el trabajador se queda sin un grupo de referencia donde recurrir” y en esta ausencia de sostén emocional comienza a anidar la enfermedad que lleva, como mínimo al ausentismo. Aunque “en estos años recibimos a mujeres con intentos de suicidio”, advierte Sáenz para concluir en que un abordaje conjunto con la cartera sanitaria permitiría analizar hasta qué punto el mundo del trabajo influye en la salud o el malestar de las personas.

Qué es y qué se hace

En la página web www.trabajo.gob.ar, es posible obtener material sobre violencia laboral. Para ello conviene navegar en Perfiles, llegar al apartado “Estás trabajando” y de allí a “Servicios de orientación, consultas y denuncias”, para arribar finalmente a “Violencia laboral” donde se advierte que la problemática puede manifestarse como agresión física o sexual, o acoso psicológico. Y que tiene efectos: en el trabajador o trabajadora, porque afecta su salud psicofísica y puede producir consecuencias negativas en sus relaciones sociales en general y familiares en particular; en la organización, porque produce malestar entre los trabajadores/as, disminución en la productividad, desaprovechamiento de capacidades, pérdidas económicas y desprestigio social, y en la sociedad ya que consolida la discriminación, y favorece el descreimiento en las instituciones y en la justicia.

Fuente: ellitoral.com

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