13 de diciembre de 2019

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Uruguay: Estrés laboral, gran enemigo del sexo

Los uruguayos viven más pendientes de sus asuntos económicos que de los de entre sábanas. Una investigación nacional revela que el estrés es la principal causa de disfunción sexual en hombres y mujeres. Preocupa la disminución de la frecuencia de encuentros en jóvenes.

Las consultas por disfunción sexual en Uruguay se triplicaron en los últimos cinco años. El aumento está estrechamente vinculado con la creciente vorágine de la vida moderna. Las personas viven más pendientes en rendir en el trabajo, los estudios, cuidar a los hijos y pagar las cuentas a fin de mes, que de sus relaciones entre sábanas.

Hoy esa teoría cuenta con evidencia científica. El médico internista y sexólogo clínico Santiago Cedrés realizó una investigación -que la presentará en un Congreso Internacional en Bélgica en diciembre- sobre la influencia del estrés en la vida íntima de los uruguayos. ¿Algunos resultados? El estrés es la primera causa de disfunción sexual en hombres y mujeres y, entre los orígenes del mismo se distinguen los problemas laborales, las preocupaciones financieras y el agotamiento, tanto físico como mental. Otros dos enemigos del sexo son la depresión y la ansiedad, según se desprende del estudio.

“Los mayores niveles de estrés se observan en hombres con alto nivel cultural, y, lo que más les genera ese mal, son la responsabilidad de ocupar un mando jerárquico en el trabajo así como mantener económicamente una familia. A las mujeres, en cambio, les estresa más la crianza de hijos adolescentes y las dificultades para responder a la demanda íntima de la pareja”, señala Santiago Cedrés.

Y agrega que la principal disfunción de las féminas es el bajo deseo sexual y la pobre lubricación que logran en una relación íntima, lo que provoca a su vez la falta de orgasmo. En ellos, también hay disminución del deseo sexual y disfunción eréctil, más conocido como impotencia.

Estudios internacionales señalan que en Gran Bretaña el estrés, la ansiedad y la depresión juegan un papel devastador en la vida sexual de 15 millones de personas. En Uruguay se estima que 6 de cada 10 personas mayores de 60 años presentan un deterioro en la secreción de hormonas, siendo el estrés uno de los principales motivos, señala Cedrés, director de la Clínica sexológica Plenus.

En jóvenes, se observa preocupación de los expertos por la disminución de la frecuencia de los encuentros sexuales (ver recuadro).

Crisis y más estrés. Frente a ese panorama, la tremenda caída financiera global puede acarrear otra preocupante arista. “Su llegada al país generará más ansiedad, depresión y problemas que, de no tomarlos con tranquilidad, exacerbarán las relaciones íntimas de las personas”, indica la psiquiatra psicoterapéutica Gabriela Dartayete. “Se vienen épocas críticas”, agrega de inmediato Cedrés.

“Además de la inestabilidad económica, hoy día se promueve más la competitividad en todos los ámbitos, y el sexual no es la excepción. Existe una presión social cada vez mayor para desear y satisfacer ese deseo, lo que genera malestar psicoemocional. A eso se le agrega la falta de tiempo y espacios para estar con la pareja, la mala alimentación y sobre todo el dormir poco”, dice la psicóloga y sexóloga Rosana Pombo.

“El insomnio, por ejemplo, deteriora la sexualidad porque genera fatigas, dolores de espalda y disminuye la concentración”, detalla Cedrés.

Según esas investigaciones, existe una relación muy estrecha entre la falta de sueño, la disminución del deseo físico y la poca intensidad orgásmica. Todo funciona como una suerte de cadena que se retroalimenta. No se concilia el sueño por los problemas y preocupaciones, lo que a su vez trae aparejado ansiedad, trastorno que hace que uno de cada tres hombres menores de 40 años no tenga control de la eyaculación, y que tres de cada cinco mujeres de las más diversas generaciones presenten problemas para alcanzar un orgasmo, afirma el médico.

Esas mismas frustraciones son las que muchas veces también desencadenan el estrés, agrega Cedrés, aunque aclara que éste afecta más la vida sexual de las personas cuando es crónico y no agudo, es decir, cuando además de las disfunciones que tiene la pareja en la cama, suelen discutir entre ellos, están más distanciados emocionalmente desde hace ya un tiempo y tienen problemas serios en el trabajo.

Esa inestabilidad emocional hace que disminuya la secreción de hormonas y provoca, como le llaman en España, el Síndrome de Depresión, Ansiedad y Estrés, una patología compleja que genera adicciones. “Las personas suelen automedicarse con ansiolíticos para poder dormir a la vez que aumentan el consumo de alcohol y cigarrillo, lo que luego termina empeorando el funcionamiento sexual”, alerta Cedrés.

Fortalezas y debilidades. Ahora bien, ¿las disfunciones íntimas causadas por la ansiedad, el estrés o la depresión pueden ocasionar la ruptura de una pareja? “El deseo sexual es un barómetro de la salud emocional de los novios o el matrimonio. De hecho, más del 95% de las parejas que consultan tiene dudas acerca del futuro de su relación, y el 50% se termina separando”, según el experto.

Y no necesariamente sólo por preocupaciones económicas, sobrecarga de tareas y problemas sexuales en sí mismos. “También influyen los factores individuales que tienen que ver con la fortaleza o debilidad para afrontarlos, los cuales están determinados por las creencias y valores inculcados de pequeños”, explica la psiquiatra Dartayete.

Si una persona disfrutó su niñez, seguramente su vida sea en general más placentera y por ende su sexualidad también, ejemplifica. El sexo pasa por la mente y por ende, la construcción psicológica que se hace del mismo va de la mano, agrega la especialista.

De todas maneras, existen mecanismos para contrarrestar posibles trastornos. En el caso de que la infancia no haya sido tan feliz y la vida íntima de la pareja se vea dominada por la angustia y el desvelo, no resulta tan complicado darse cuenta si el hombre o la mujer tienen algún tipo de disfunción sexual.

Además, los expertos aseguran que los tratamientos para mejorarla generalmente tienen más de un 80% de eficacia. “Entre los principales síntomas de alerta se distingue la pérdida de ganas por acariciarse e intimar en ambos. Si lo hacen, el varón no logra una buena erección y le cuesta eyacular. En la chica, en cambio, no se lubrica su aparato reproductor y cuando se produce el coito (unión del órgano sexual masculino con el femenino) suele sentir incomodidad y dolor”, señala Cedrés.

Es importante no atribuir la anomalía sexual sólo al cansancio del día porque muchas veces esta puede generar problemas orgánicos, resalta el médico.

De hecho, la impotencia es un factor de riesgo de infarto cardíaco, revela Cedrés, y la Organización Mundial de la Salud define a la disfunción sexual como una enfermedad que, como tal, debe tratarse.

“Se debe consultar sí o sí a un sexólogo ante la evidencia de cualquiera de los síntomas que se observen”.

“El trastorno sexual que más preocupa a los hombres es la pérdida del deseo. Generalmente ellos consultan antes que las mujeres, aunque no siempre a tiempo, y al principio no suelen admitir que la causa de ese problema sea el estrés o la ansiedad”, indica la psicóloga Pombo.

Están acostumbrados a vivir de esa manera y asocian la disfunción al paso de los años o al desgaste de la pareja, motivos por los que dilatan la consulta, agrega.

“Estamos educados en una sociedad que es sexista, machista, donde al varón le cuesta mucho aceptar que tiene un problema sexual porque se pone en juego su hombría y queda vulnerable. El problema es que cuanto más tiempo se deja pasar, peor desempeño sexual se tendrá luego”, indica Rosana Pombo.

“El hombre que tiene un fracaso en una erección, por ejemplo, vuelve a tenerlo en el siguiente encuentro íntimo, y ahí ya se empiezan a instaurar en él pensamientos automáticos como el temor a volver a fallar y despertar dudas en la pareja.

“Cuando se anticipa esa frustración no se está dejando en libertad la respuesta de erección, lo que hace que se liberen neurotransmisores como la adrenalina, noradrenalina y el cortisol, que son antagónicos con la respuesta sexual”, explica la psicóloga.

De esa manera, el miedo a fracasar se retroalimenta y genera mayor desesperanza, tristeza y ansiedad, explica Pombo.

Consecuentemente, el varón vive el encuentro sexual únicamente como espectador: sólo está pendiente de la actitud de la compañera y de si logra la erección.

“El sexo se convierte en algo estereotipado. Se vive como un deber y el placer comienza a desaparecer. El propio encuentro le genera al varón más estrés”.

La mujer, en cambio, demora más en consultar al médico, debido a que su sexualidad no es tan mecánica como la del hombre, acota Cedrés.

También por motivos culturales, ya que se les ha enseñado que lo principal es el goce del varón, agrega Pombo. “Aunque las féminas no tengan un orgasmo pueden responder a su pareja sintiendo dolor en el coito, lo que genera ansiedad y no querer volver a tener relaciones”.

La mujer de hoy está viviendo un período de transición donde cumple muchos roles y muchas veces no tiene ganas de tener sexo.

Ese cansancio es uno de los principales síntomas de estrés, y a éste se le agrega la ansiedad frente a la demanda del compañero para intimar y no tener ganas, dice la psicóloga.

“Ahí es cuando se activan en la mujer las creencias de que el varón tiene que estar satisfecho, sobre todo en las que son mayores de 45 años, que es cuando se les comienzan a notar los rollitos o la flacidez y la autoestima puede ser más baja”, revela Rosana Pombo.

Apoyo interdisciplinario. Lograr que vuelva el deseo sexual cuando se ha perdido por estrés, depresión o ansiedad no es difícil pero sí complejo. “Todo dependerá del grado del trastorno y la predisposición de ambos integrantes de la pareja”, explica Dartayete.

“Solucionar los problemas de la cama lleva varios meses y se necesita de un trabajo interdisciplinario, es decir, con ayuda de un sexólogo, un psiquiatra y un psicólogo, quienes, conjuntamente evaluarán si es necesario diagnosticar fármacos, terapia, o ambas cosas”, agrega.

Pero hay algo de lo que sí hay evidencia científica y es que los tratamientos médicos para combatir la impotencia en el hombre son 100% eficaces, y para la eyaculación precoz superan el 95%, asegura Cedrés. En la mujer, en cambio, la mejoría dependerá de sus experiencias íntimas previas.

“Si ha tenido pocas ganas sexuales a lo largo de su vida, puede incrementarlas notoriamente, aunque quizá no logre cumplir con las expectativas de tener un gran deseo sexual. Si éste ha sido normal, por ejemplo, hay que trabajar sobre el vínculo de la pareja para renovar el compromiso que han tenido el uno y el otro”, detalla Rosana Pombo. Y, si la fémina no ha experimentado nunca un orgasmo, el tratamiento llevará más tiempo porque hay que enseñarle a descubrir su respuesta orgánica a través de la masturbación, entre otros tratamientos.

De todos modos, la terapia focalizada en los síntomas específicos que tengan tanto el hombre como la mujer, constituye generalmente un 98% de efectividad, finaliza la experta.

MARÁA INÁ‰S LORENZO

Fuente: elpais.com.uy

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