19 de julio de 2019

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Vivir mejor, con mejor iluminación

En la retina del ojo humano, se encuentran los conos y los bastones, encargados de percibir las formas y los colores que llegan a través de las ondas electromagnéticas que constituyen la luz. Esta energía es transformada, en el ojo, en energía bioeléctrica, que viajará por medio de los nervios hasta el cerebro que procesará la imagen que recibimos.  

Los conos perciben las formas y los colores con luz diurna, y los bastones, solo las formas en la visión nocturna. El espectro visible se extiende desde los 380 nm de la luz violeta (por debajo, es la luz ultravioleta que no percibe el ojo) hasta los 780 nm de la luz roja (por encima, es la luz infrarroja que tampoco percibe el ojo). La luz amarilla se ubica en el medio de ambos extremos, en los 555 nm, correspondiendo a la máxima sensibilidad de captación de longitudes de onda del ojo.  

El ojo responde adaptándose a las circunstancias, a través de tres factores fisiológicos: la acomodación, la adaptación y la agudeza visual.   La acomodación, implicada en la visión de cerca y de lejos, es la capacidad del ojo para enfocar los objetos según la distancia en que se ubiquen, variando la longitud focal por medio del músculo ciliar.  

La adaptación es el proceso por el cual el ojo se adapta a los distintos niveles de luminosidad. Interviene el iris que funciona de manera similar al diafragma de una cámara fotográfica. Cuanto mayor luminosidad, menor será la apertura del iris. La intensidad de la luz que puede verse sin dolor es, aproximadamente, de un millón de billones de veces más intensa que la luz visible más débil.

El ojo se adapta más rápido cuando pasa de una luz baja a una luz elevada, que en el proceso contrario. Esto se tiene en cuenta, por ejemplo, en las salas de cine modernas, donde los lobbys cuentan con luz tenue, a fin de contribuir con el proceso de adaptación del ojo.  

La agudeza visual es la capacidad de discriminar visualmente detalles más pequeños. El oftalmólogo recetará anteojos correctores para la miopía y la presbicia a quienes no puedan distinguir estos detalles, que se relacionan directamente con la distancia en que se halle el objeto del ojo.   En las cavernas, el fuego se encargó de separar el mundo de las tinieblas de la luz.

Con el advenimiento de la Revolución industrial y la necesidad de que el trabajo no se interrumpiera de noche, los métodos de iluminación artificial se perfeccionaron cada vez más, hasta llegar a nuestros días donde existen artefactos que pueden imitar la luz del día.  

Gracias a que Franklin descubrió la electricidad, y Edison creó la lámpara incandescente, la luz artificial permitió al hombre realizar sus múltiples actividades por la noche. 

Fundamentalmente, existen tres tipos de lámparas: la incandescente, el tubo fluorescente y los LED. La lámpara incandescente moderna consta de un filamento de tungsteno encerrado en una ampolla de vidrio al vacío o presurizada con un gas inerte, que, al recibir la electricidad, se calienta a muy altas temperaturas y emite luz.

Ventajas: encendido inmediato, dimensiones reducidas y no presenta limitación en la posición de funcionamiento. Desventajas: baja eficiencia luminosa, elevada producción de calor, puede producir deslumbramiento y es de baja duración. 

Las lámparas fluorescentes están compuestas por un tubo de vidrio que contiene en su interior gas de mercurio y sales, que, al excitarse y combinarse químicamente, producen luz. Estas sales pueden ser tugstenato de berilio, que emite luz azul claro, o silicato de cinc y berilio, que emite luz amarilla, aunque también pueden ser otros gases y sales.

Ventajas: buena eficiencia luminosa, elevada vida útil, bajo costo.
Desventajas: necesidad de contar con un equipo auxiliar para su encendido (capacitores y arrancadores), costo más alto inicial de equipamiento, no tienen un encendido inmediato (tardan en lograr su máxima luminiscencia), algunas presentan limitaciones en su posición (si se colocan los tubos en forma vertical, se acumulan los gases y las sales, lo cual reduce su vida útil).  

Hoy, con los avances tecnológicos, las lámparas fluorescentes son las más desarrolladas en el mercado, dado que, por el tipo de electricidad que consumen, ocasionan un ahorro energético que contribuye con el cuidado del medio ambiente.  

Ášltimamente, se están elaborando las que se consideran las lámparas del futuro, los LED (Light Emitting Diode). Básicamente, consisten en un semiconductor de silicio encerrado en un encapsulado de epoxi. Siendo el silicio un elemento abundante en la naturaleza y al poseer mercurio en su interior, se trata de productos ecológicos.

Ventajas: tamaño pequeño (cada vez se hacen más pequeños, pero no les resta eficacia luminosa), consumo eléctrico extremadamente bajo, larga vida útil en condiciones normales de funcionamiento, alta eficiencia luminosa y muy baja emisión de calor; protegen el medio ambiente, ya que están construidos con elementos no tóxicos, como el mercurio en las lámparas fluorescentes; pueden reciclarse, son irrompibles porque están encajados en un recinto de epoxi y no contienen partes móviles, como las lámparas incandescentes.  

Los LED están todavía en desarrollo, pero es probable que, poco a poco, vayan reemplazando a las lámparas incandescentes y los tubos fluorescentes.

Fuente: sanpabloe.com.ar

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