16 de julio de 2019

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Minería informal: precariedad extrema para millones de personas

La Minería Artesanal y de Pequeña Escala (MAPE) se refiere a las actividades informales llevadas a cabo utilizando poca tecnología y maquinaria, practicada por individuos, grupos o comunidades, usualmente de manera informal –a veces, también ilegal– y en países en vías de desarrollo. En 1999, un estudio concluía que unos 13 millones de personas estaban trabajando directamente en la MAPE, y entre 80 y 100 millones de personas tenían sus medios de subsistencia vinculados a esta actividad ejercida de la más precaria e insalubre de las formas posibles.

Fisonomía de la actividad

Entre los rasgos característicos de esta minería de subsistencia podemos contar:

-Uso mínimo de maquinaria y tecnología. La minería artesanal utiliza técnicas simples que requieren de un mayor esfuerzo físico de las personas.

-Baja productividad debido al uso de técnicas ineficientes y a que usualmente se realiza en pequeñas parcelas y en terrenos de superficie o creados por aluvión de materiales. Con el objeto de aumentar sus hallazgos, la minería artesanal suele repetir sus procesos de explotación sobre las mismas áreas.

-Falta de medidas de seguridad, de vigilancia de la salud y de protección del medio ambiente.

Práctica estacional (por ejemplo, en momentos de poca actividad agrícola) o coyuntural (en respuesta al aumento del precio de los minerales).

-Explotación de depósitos marginales o pequeños.

-Carencia de capital.

-Trabajo intensivo, con bajos índices de recuperación y rentabilidad.

Riesgos laborales

La OIT ha clasificado los principales riesgos para la salud, que son: exposición al polvo (silicosis), exposición al mercurio y otros productos químicos, los efectos del ruido y la vibración, los efectos de la ventilación deficiente (calor, humedad, falta de oxígeno), y los efectos del esfuerzo excesivo, espacios inadecuados para trabajar y equipo insuficiente.

-Mercurio. Uno de los mayores riesgos de la minería del oro es el uso del mercurio, que es extremadamente tóxico, de modo que la decantación del oro empleando mercurio se convierte en un proceso peligroso no sólo para los mineros, sino también para cualquier persona que se encuentre en las inmediaciones de las explotaciones mineras (o los lugares en los que se lleva a cabo el trabajo de depuración del oro).

-Accidentes varios. Las causas más frecuentes de la siniestralidad en la minería artesanal son los desprendimientos de rocas, falta de ventilación, uso inapropiado de explosivos, falta de conocimiento y preparación, equipo obsoleto y con manutención deficiente. Los riesgos de los mineros artesanales pueden ser significativamente mayores que los de los mineros industriales. Ello se debe a la carencia de regulación de la actividad, que suele operar fuera del marco legal y al margen de las normativas vigentes en materia de seguridad y salud laboral.

-Equipo de protección (falta de adecuación de los EPI o uso inadecuado). Los mineros artesanales son los encargados de su propia seguridad al elegir los equipos y las medidas pertinentes. Hay que tener en cuenta que en explotaciones modestas, que trabajan en un sistema de auto-subsistencia, los artículos más simples, como cascos, botas, guantes y mascarillas protectoras, representan una costosa inversión sin retorno inmediato, que no favorece su uso. Por otra parte, es frecuente el caso de mineros artesanales que incorporan equipo y técnicas mecanizadas sin adoptar las medidas de seguridad de acompañamiento que se requieren. Por tanto, quienes así actúan lo hacen con un serio desconocimiento de los riesgos que corren.

-Precariedad existencial. En su mayoría, los explotadores de la minería artesanal son personas auto-explotadas que nutren el ‘ejército’ de pobres del mundo. Carecen por tanto de las medidas de salubridad adecuadas y acceso a la sanidad. Con frecuencia, las comunidades mineras artesanales se congregan en torno a un nuevo yacimiento o se establecen en campamentos improvisados, donde es obvio que la salubridad es deficiente. Ello favorece la aparición de enfermedades relacionadas con las malas condiciones higiénicas, creándose, además, un ambiente propicio para el arraigo del delito, la prostitución y enfermedades de transmisión sexual. “En áreas remotas, los servicios sanitarios no sólo serán limitados, sino distantes de la mina o con un acceso difícil, especialmente en ciertas épocas del año. Por otra parte, los servicios de salud rurales suelen carecer de preparación específica para los problemas de los mineros artesanales, especialmente para la detección de cuadros de envenenamiento por mercurio y los tratamientos adecuados”, advierte la publicación ‘Minería artesanal y en pequeña escala’ (MMSD).

Fuente: proteccion-laboral.com

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