23 de julio de 2019

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Uruguay: El ausentismo laboral se duplica por motivos de alcoholismo

En Uruguay convivimos con tasas elevadas de abuso y dependencia del alcohol en los adultos, tasas de consumo de alcohol mayores al 50% entre los jóvenes y de hasta un 40% en las embarazadas del Hospital Pereira Rossell, informó la economista uruguaya Ana Inés Balsa, quien se ha especializado en la investigación de temas de salud. En diálogo con ECONOMIA & MERCADO, la entrevistada, que es docente de la Universidad de Miami y profesora visitante de la Universidad de Montevideo, se refirió a los resultados de su reciente estudio “Consumo de alcohol y mercado laboral en Uruguay, realizado junto con el economista estadounidense M.T. French. También analizó algunas innovaciones que podrían mejorar la eficiencia del nuevo sistema de salud. A continuación un resumen de la entrevista.

-¿Cómo se determina que un individuo es alcohólico?

-Es una persona que tiene dependencia del alcohol y que presenta una serie de síntomas físicos que están asociados con el consumo de alcohol. Entre ellos, podemos mencionar el síndrome de abstinencia que se manifiesta por los temblores o náuseas que experimenta la persona cuando deja de beber, así como la necesidad compulsiva de beber más alcohol. Existen determinados criterios, siendo el más usado el del manual DSM IV de la Asociación Americana de Psiquiatría, para diagnosticar clínicamente si una persona es alcohol dependiente. Pero no se precisa ser alcohólico o dependiente para que el consumo de alcohol tenga consecuencias negativas. También el abuso de alcohol es considerado una patología clínica. Hay personas que son alcohólicas y no necesariamente abusan del alcohol y, a su vez, quienes abusan del alcohol no son necesariamente dependientes.

-¿Qué criterios se utilizan para separar el consumo abusivo de alcohol del alcoholismo?

-Desde el punto de vista clínico, se considera que una persona es un consumidor abusivo cuando ingiere alcohol en cantidades excesivas y este consumo tiene consecuencias negativas en su entorno. En el estudio sobre alcohol y empleo que realicé para Uruguay, se definió el consumo abusivo como una ingesta de más de dos litros de cerveza, o un litro de vino o un cuarto litro de bebidas espirituosas en el mismo episodio. También se incluyó en esta categoría a las personas que manifestaron haberse intoxicado el mes anterior.

Algunos de los problemas vinculados al abuso de alcohol incluyen la incapacidad para cumplir con las responsabilidades laborales, de estudio o familiares y los deterioros en la salud a raíz de su consumo o de accidentes vinculados con su ingesta. Incluso el consumo moderado de alcohol puede ser considerado un abuso en el caso del embarazo o de una medicación que tiene una clara contraindicación al respecto.

Consumo

-¿Qué niveles de alcoholismo y abuso se detectan en Uruguay?

-Más del 7% de la población entre 12 y 65 años muestra algún síntoma de alcoholismo, mientras que el 12,5% de los habitantes dentro del mismo segmento etario abusa del alcohol, de acuerdo con una encuesta de hogares realizada por la Junta Nacional de Drogas en 2006. Esto significa que casi uno de cada cinco uruguayos entre la adolescencia y la vejez tiene problemas con el alcohol. La suma no es exacta porque hay algunas personas que están incluidas en ambas categorías.

-¿Existen diferencias por género en cuanto a los niveles de consumo problemático de alcohol?

-Sí. De acuerdo a la misma encuesta, un 24% de los hombres abusa del alcohol, frente a una tasa de 5% para las mujeres. La prevalencia de síntomas de alcoholismo, por otra parte, es de 13% en los hombres, mientras que es menor en las mujeres con un 5%. Cabe aclarar que el 60% de los encuestados fueron mujeres.

-¿Es la tasa de alcohólicos de Uruguay similar a la del resto del mundo?

-Tanto las tasas de dependencia como de consumo abusivo son altas en Uruguay cuando se las compara con el resto del mundo. Es alarmante comparar, por ejemplo, la tasa de abuso del alcohol de 12,5% en nuestro país con las de Estados Unidos, Francia e Inglaterra, cuyos niveles oscilan en torno al 4%-5%, así como el 7% de abuso en Argentina, cuya población es muy similar a la uruguaya en sus hábitos.

-¿Cuáles son los grupos de más alto riesgo en esta área?

-Uno de los datos más graves que presenta Uruguay es la altísima tasa de ingesta de alcohol en los jóvenes. El 65% entre 18 y 29 años tomó alcohol en los últimos treinta días y el 25% de ellos consume en forma abusiva. Según una encuesta de la Junta Nacional de Drogas (JND) a estudiantes liceales, el promedio de consumo en el segmento de 12 a 17 años es del 50% del total de sus integrantes, quienes no deberían tomar alcohol en absoluto. Esa cifra supera por lejos a las de Argentina (40%), Estados Unidos (35%) y Costa Rica (20%), aunque debemos ser cautelosos en las comparaciones ya que la encuesta de la JND se restringe a estudiantes.

Mercado laboral

-¿Se observa en nuestro país un mayor consumo abusivo de alcohol entre los desempleados?

-En nuestra investigación sobre “Consumo de alcohol y mercado laboral en Uruguay”, encontramos justamente lo opuesto: la gente que está empleada tiene un mayor consumo problemático de alcohol que los desocupados. Ese dato nos llamó muchísimo la atención, ya que es opuesto a lo que se registra en las economías desarrolladas, donde se observa que el consumo problemático de alcohol conduce al desempleo y el desempleo también lleva a las personas a consumir más alcohol.

-¿Cómo se explica esa diferencia de comportamientos entre la sociedad uruguaya y la de los países desarrollados?

-En nuestro trabajo no tenemos elementos para detectar las causas puntuales, aunque hacemos algunas conjeturas. En primer lugar, es posible que los que consumen alcohol sean aquellos que cuentan con ingresos suficientes, básicamente su salario, para pagar el consumo de bebidas alcohólicas. En cambio, quienes están fuera del mercado de trabajo no disponen de dinero para adquirir alcohol. Otra posibilidad es que las altas tasas de desempleo en Uruguay provocan un mayor stress entre los empleados, ya que se sienten más expuestos a perder su trabajo y no poder conseguir otro. También se maneja el factor de mayor tolerancia de la sociedad al consumo de alcohol. A diferencia de lo que sucede en los países desarrollados, no se penaliza con severidad el consumo de alcohol en horas de trabajo.

-¿Es frecuente la concurrencia de empleados a sus lugares de trabajo con altos niveles de alcohol en la sangre en nuestro país?

-Es difícil saberlo, más allá de evidencia anecdótica, porque no hay estadísticas al respecto. En otros países, se han hecho estudios en los cuales se somete a exámenes de alcoholemia a quienes ingresan a salas de emergencia. En Chile, por ejemplo, el 30% de las personas que fueron atendidas en las salas de emergencia después de un accidente de trabajo había consumido alcohol en las horas previas al siniestro. Sin embargo, sólo dos personas del total con análisis positivos reconocieron la ingesta alcohólica al ser encuestadas.

-¿Qué sectores de actividad son más propensos a la dependencia de las bebidas alcohólicas?

-Generalmente, quienes tienen tasas más elevadas de problemas con el alcohol son los trabajadores que cumplen tareas físicas más pesadas (metalurgia, construcción, etc.) o tareas más solitarias, sobre todo en el transporte carretero, marítimo, etc.

Ausentismo

-¿En qué medida los efectos de dependencia alcohólica fueron motivo de ausentismo en el mercado laboral uruguayo?

-Según nuestra investigación, los síntomas de dependencia alcohólica aumentan el número de ausencias de cinco a diez días en el año. Es decir que el ausentismo se incrementa un 100% por motivos de alcoholismo.

-¿Qué incidencia tiene la ingesta de bebidas alcohólicas en los accidentes de trabajo en nuestro país?

-En la encuesta utilizada en nuestro trabajo, que es la misma de la JND para sus estadísticas de prevalencia del consumo, abuso y dependencia de alcohol, se formuló una pregunta sobre accidentes de trabajo, cuyo resultado indica que la probabilidad de tener un accidente laboral es de 3% para los trabajadores que no tienen problemas de alcohol, pero aumenta al 6% para quienes tienen síntomas de alcoholismo. Como estas estimaciones tienen un alto margen de error, no nos permiten sacar conclusiones sólidas sobre la relación entre alcohol y accidentes de trabajo, lo que no quiere decir que su efecto no esté presente.

Productividad

-¿Pudo estimar las pérdidas de productividad en Uruguay por razones vinculadas al consumo abusivo de alcohol?

-Nuestro trabajo intenta captar algunas dimensiones de productividad en base a la información disponible en la encuesta de hogares de la JND, aunque los costos del alcohol en términos de productividad abarcan muchas otras dimensiones. Para citar algunos ejemplos, se puede perder productividad no sólo por razones de ausentismo o accidentes, sino también por las malas relaciones con los compañeros de trabajo, por bajo rendimiento en la actividad diaria, por menores probabilidades de tener un empleo de buena calidad o acorde con el nivel educacional de la persona. Si nos centramos en los datos duros que encontramos en nuestra investigación, como es la pérdida de cinco días de trabajo por el hecho de ser un consumidor problemático del alcohol, y hacemos un promedio en base al salario medio en Uruguay, los costos por ausentismo suman unos US$ 12 millones al año, que es poco relevante en relación al PIB.

Hace diez años en Estados Unidos, los costos totales, incluyendo costos en salud, criminalidad, etc., por abuso de alcohol en la sociedad estadounidense se estimaron en US$ 190.000 millones, lo que representaba un 2% del producto de esa nación. Los costos en productividad representaban el 75% del total, es decir que las pérdidas en ese rubro eran de unos US$ 135.000 millones o un 1,5% del PIB. Y estas cifras no incluyen, por ejemplo, costos intergeneracionales de padres a hijos.

-¿Qué evidencia hay sobre el costo que los padres alcohólicos imponen en sus hijos?

-Hay una gran literatura mostrando que los hijos de alcohólicos sufren más problemas de salud mental que el resto de la población. Por otra parte, en un trabajo que publiqué a principios de este año basado en un panel de datos de individuos encuestados desde la adolescencia hasta la madurez en los Estados Unidos, observo que los hijos de alcohólicos registran períodos de desempleo más extensos que el promedio de los trabajadores y obtienen salarios más reducidos. Obtuve esos resultados luego de verificar la trayectoria laboral de personas de 40 años de edad y no de quienes recién ingresan al mercado laboral. Además, pude verificar que las hijas de consumidores problemáticos de alcohol eran menos propensas a participar en el mercado de trabajo.

Conclusiones

-¿Qué opina del proyecto de ley sobre prevención del consumo abusivo de alcohol a estudio el Parlamento?

-Sin duda toda la sociedad debería sentirse alarmada cuando se comprueba que en Uruguay convivimos con tasas elevadas de abuso y dependencia del alcohol en los adultos, tasas de consumo de alcohol mayores al 50% entre los jóvenes y de hasta un 40% en las embarazadas, de acuerdo con una encuesta realizada en el Hospital Pereira Rossell. Es probable que muchos de los jóvenes que hoy consumen alcohol tengan problemas relacionados con abuso y dependencia en el futuro. Además, los costos que el consumo problemático de alcohol está provocando por accidentes, quebrantos de salud, baja productividad, criminalidad, etc. son enormes no sólo para la persona que consume, sino para la sociedad en su conjunto. Estas externalidades que genera el alcoholismo en la comunidad justifican la intervención pública. Más allá del contenido puntual de la normativa propuesta, es bueno que se haya empezado a discutir el problema del alcoholismo dada la escasa percepción de la población uruguaya sobre los riesgos del alcohol.

La reforma de la salud se basó en instituciones que estaban débiles

-¿Cuál es su opinión sobre el actual funcionamiento del mercado de la salud en Uruguay?

-La reforma del sistema de salud en Uruguay se puso en vigencia a principios de este año y estamos en plena transición. Aún no es posible evaluar buena parte de sus innovaciones.

-Pero, ¿cuáles son los problemas más visibles del nuevo sistema de salud?

-El mayor problema radica en que su estructura se basó en instituciones que estaban débiles, como son las instituciones de asistencia médica colectiva (IAMC). Estas organizaciones no supieron manejarse correctamente en términos administrativos y financieros, lo cual les ocasionó deudas enormes. Por lo tanto, no se sabe si van a poder soportar las prestaciones que conlleva el nuevo régimen. Quizás se debió haber invertido un poco más de tiempo en sanear a dichas instituciones antes de llevar adelante esta reforma, pero a menudo los tiempos políticos no van de la mano de los tiempos institucionales.

Por otro lado, existe un fuerte elemento de corporativismo para la toma de decisiones de acuerdo a la forma como está planteada la ley de reforma de la salud, así como una gran concentración de poder en manos de la Junta Nacional de Salud. Esos elevados niveles de discrecionalidad y centralización facilitan las ineficiencias y la corrupción en el sistema. Tampoco es visible la existencia de una política de recursos humanos, sobre todo en lo que se refiere al número de médicos con que se quiere contar, el tipo de especialistas que se necesita para atender a la población y la formación profesional de los mismos. Y queda la duda si el nuevo sistema será capaz de manejar adecuadamente la falta de oposición de intereses entre tomadores de decisiones y prestadores de servicios, que ha sido una constante a todo nivel en el sistema de salud uruguayo. Todos esos aspectos dificultan la asignación óptima de recursos.

-¿Es viable, desde el punto de vista financiero, el sistema de salud que funciona desde principios de este año?

-Evidentemente, hacer más equitativo el sistema tiene sus costos en términos de la calidad promedio asistencial en el sector mutual, lo que ya se está viendo en términos de menos tiempo dedicado por los médicos a los pacientes, mutualistas abarrotadas de gente, mayores esperas, etc. También es una gran interrogante cómo se van a financiar las incorporaciones de nuevos miembros programadas para los próximos años. Tampoco queda claro qué puede pasar en épocas de recesión económica. Cabe preguntarse cómo va a funcionar el sistema cuando haya un mayor número de desempleados ya que el Fondo Nacional de Salud (Fonasa) se financia en gran medida en base a los aportes que se descuentan de los salarios. Asimismo, habría que saber qué medidas se piensan tomar para incluir a los trabajadores informales en el sistema.

El objetivo principal es igualar las condiciones de acceso al sistema

-¿Cree Ud. que la reforma de la salud puede mejorar la eficiencia del sistema?

-Hay que separar el objetivo principal de la reforma que es la equidad, es decir igualar las condiciones de acceso a la atención de la salud de toda la población, de lo que es eficiencia. Esa meta surge de una valoración y elección social, lo cual no necesariamente va de la mano de la eficiencia. Sin perjuicio de esto, hay algunos aspectos del nuevo régimen que contribuyen a que el sistema cumpla sus funciones más eficientemente, o sea que los recursos disponibles se asignen de tal manera que mejoren la calidad de prestaciones y los resultados en materia de salud de la población.

-¿En qué aspectos podría lograrse un funcionamiento más eficiente?

-En primer lugar, la reforma apunta a desfragmentar el sistema a efectos de terminar con la superposición de servicios y prestaciones que existía anteriormente y establecer con claridad las atribuciones de cada agente. Por ejemplo, no existían límites precisos sobre dónde terminaban las funciones de las instituciones de asistencia médica colectiva (IAMC) y dónde empezaban los servicios del Ministerio de Salud Pública (MSP), los servicios de las empresas de emergencia se superponían a los de las mutualistas, y coexistían a nivel público una serie de prestadores que no tenían sentido para la escala del país.

En segundo término, cabe destacar el énfasis que se ha puesto en la atención primaria. Tradicionalmente, ha habido un énfasis en la medicina curativa y poco trabajo de prevención de enfermedades y promoción de la salud, lo cual puede evitar un gasto posterior excesivo. Eso está asociado en parte a la formación profesional en Uruguay, ya que los facultativos tienden a la especialización y, por tanto, no abundan los médicos de familia ni de medicina general. También tiene que ver con un sistema en el que se compite por el afiliado a través de la incorporación de tecnología.

En tercer lugar, la nueva Ley de Salud ha dado un gran paso adelante al haber independizado al agente regulador, o sea el MSP, del agente proveedor, que es ASSE. Anteriormente el organismo que decidía los lineamientos de acción en materia de salud era el mismo que prestaba los servicios.

Otras mejoras en la eficiencia del nuevo sistema están previstas en la descentralización de los hospitales públicos al otorgarle mayores atribuciones a los gerentes de dichos establecimientos y exigirles compromisos de gestión, en el hecho de brindarle mayor información al usuario de modo que pueda tener una mayor capacidad para tomar decisiones y en el ajuste de las primas por riesgo, que lleva a compensar mejor a los proveedores que atienden a los individuos de mayor riesgo.

Ficha técnica

Ana Inés Balsa, uruguaya, es licenciada en economía egresada de la Universidad de la República y posee un Ph.D en economía de Boston University. Es investigadora del Health Economics Research Group de Miami University y profesora visitante de la Universidad de Montevideo. Entre sus publicaciones más recientes, se destacan “Alcohol use and the labor market in Uruguay”, “Parental Problem: Drinking and Adult Children`s Labor Market Outcomes” y, junto con el Ec. Juan Dubra, “El Mercado de la Salud: Fallas y Arreglos Institucionales”.

Fuente: elpais.com.uy

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