23 de julio de 2019

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El estrés del hincha

Abordar este tema para la persona común no es sencillo, aunque posiblemente sí sea atractivo. Me refiero al estrés.

El estrés se define como toda situación física o emocional que impone al individuo y genera una reacción, habitualmente defensiva y protectora (es una respuesta biológico-fisiológica); pero, si es sostenida en el tiempo, puede ocasionar por sí misma un perjuicio. Inclusive, si se produce con suficiente intensidad, también puede afectar en un período mucho más corto.

Existe mucha banalización del término estrés en la sociedad y cuando se hace referencia a él sólo se contempla el aspecto emocional. En el corto plazo ocasiona sudoración de manos, palpitaciones, agitación; en el mediano plazo, caída de cabello, alteraciones en ciclo menstrual, síntomas digestivos y, en el largo plazo, enfermedad hipertensiva entre otras.

El estrés emocional es capaz de generar cambios en nuestro organismo. Alteraciones físicas como cefalea, malas posturas, dolores, sudoración; mentales (problemas de memoria, falta de sentido del humor, incapacidad para concentrarse), de comportamiento (comer compulsivamente, reacciones explosivas) y emocionales (furia, ansiedad, tristeza).

El futbol puede encuadrarse dentro de las pasiones humanas o, mejor dicho, lo que siente el hincha de fútbol, lo es. En nuestras sociedades latinoamericanas en particular (aunque es sabido que en Inglaterra, Italia y España también), se vive el deporte del equipo favorito con una pasión intensa y el fútbol es visto en particular como un valor social, icónico dentro de las prácticas deportivas en nuestro país, a veces identificado con lo masculino, aunque no exclusivamente, ya que no pocas mujeres son hinchas con una pasión que en ocasiones supera a la de los hombres. Ante el interrogatorio médico, no caben dudas de que, durante la expectación por el desempeño del equipo favorito, el seguidor siente ansiedad, inquietud, excitación y sensación desafiante. Transita muchas veces por angustia, desazón y repite el ciclo varias veces durante los 90 minutos. Además, se interpone la ira, todas emociones que, llevadas al extremo, se trasladan en una descarga de noradrenalina con la consecuente aceleración del ritmo cardiaco, aumento de la tensión arterial y todas preparaciones para la “defensa”, aunque no haya nada de qué defenderse. Estas acciones dentro del organismo pueden tener distinta intensidad y repercusión según también sea la situación clínica de cada persona. Esto es: no en todos aumenta la tensión de la misma manera, no en todos el corazón se acelera con la misma intensidad, y estas variaciones hacen a la diferente reacción orgánica individual. En este sentido, hay registros que en algunos individuos demuestran cambios de orden cardiovascular.

Con esto no se quiere apuntar al cambio en los hábitos de pasiones, es simplemente una referencia, porque al consultorio nos llega la pregunta sobre qué hacer con los familiares con antecedentes cardíacos y clara afición por un equipo, que se expresa a través de pasión.

El hincha de futbol vive el estrés desde antes del partido, lo vive durante y -según el resultado- continúa expresándolo durante los días posteriores y es una situación continua y reciclable. Así como existen muchos modos de expresar el estrés, este se manifiesta de distinta manera según la persona y la circunstancia de la vida en la que se encuentre. Además, el hincha participa y se involucra con su equipo, con el partido, con los jugadores, con los contrincantes, con el arbitraje, los periodistas y con todo lo que tenga alguna relación con su pasión elevada, aunque su participación con esos actores sea prácticamente nula, lo que muchas veces genera una reacción contenida, que no resulta bien expresada exteriormente.

En muchos casos no tan extremos tenemos que recomendar medidas amortiguadoras de tales respuestas negativas en estas personas, como ansiolíticos y/o mayor prudencia en el nivel de ingesta de bebidas alcohólicas o alimentos y/o, en los fumadores, limitar el consumo del tabaco.

Hoy, la presencia de dispositivos desfibriladores cardiacos en la cancha no sólo sirven para asistir a los deportistas (son conocidos los datos de situaciones ocurridas en esta área), sino también a los asistentes (un joven de 29 años fue asistido en el partido de Boca-Universidad de Chile este año).

Título aparte lleva el análisis de las reuniones no presenciadas en la cancha donde se juega el evento, sino en lugares privados o públicos donde la visión del espectáculo deportivo se acompaña muchas veces de un excesivo consumo de bebidas y comidas, lo que puede acentuar aún más la reacción orgánica de estrés.

Finalmente, el estrés emocional toca su punto de máxima gravedad cuando los resultados no son los esperados, con el consiguiente alto nivel de angustia y desazón.

*Jefe del Servicio de Cardiología de la Clínica Privada Vélez Sarsfield

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