22 de marzo de 2019

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Sustancias químicas y biológicas peligrosas están presentes en el 38% de las empresas europeas

El número de trabajadores fallecidos durante el último año a causa del amianto y de otras sustancias peligrosas como los nanomateriales ha aumentado respecto al año anterior, por lo que el Consejo de la Unión Europea ha dado el primer paso para actualizar la Directiva vigente en este ámbito, mediante la propuesta de reducir la exposición a cinco carcinógenos: cadmio, berilio, ácido arsénico, formaldehido y moca. Para que esta nueva normativa entre en vigor deberá ser aprobada por el Parlamento Europeo.

Reglamento REACH

La normativa europea en este ámbito (Reglamento REACH) obliga a los fabricantes a informar en el caso que las sustancias que se ponen en el mercado sean peligrosas y de sus posibles riesgos. Con ese objetivo se creó el inventario ECHA, un listado de clasificación y etiquetado de compuestos químicos en el mercado de la UE publicado por la Agencia Europea de Sustancias y Preparados Químicos.

La exposición a sustancias peligrosas y sus contaminantes se pueden transmitir al cuerpo humano por vía ocular, respiratoria, digestiva, dérmica y/o parenteral y está relacionada con problemas de salud graves y de larga duración como enfermedades profesionales y relacionadas con el trabajo, respiratorias, inflamatorias de la piel, cáncer, etc.

“Gestionar las sustancias peligrosas en el lugar de trabajo no es sólo una obligación para las empresas y sus trabajadores/as, sino un beneficio para su seguridad y salud. Se calcula que la exposición laboral a sustancias carcinogénicas en el lugar de trabajo supone cada año en Europa aproximadamente unos 2.400 millones de euros. Un aumento de inversión en su gestión, identificación y control, reduciría notablemente estos costes, consiguiendo importantes beneficios, un aumento en la productividad y la motivación de sus trabajadores, obteniendo una menor rotación de personal en la empresa y por ende mayor profesionalización”, asegura Javier Castro De Lamo, técnico de prevención de Aspy Prevención.

Gestión de riesgos

La evaluación de riesgos es el primer paso fundamental para su prevención, tal y como lo especifica la legislación de la Unión Europea. Para realizar una correcta evaluación del lugar de trabajo, es importante que las empresas sigan una serie de pasos:

  • En primer lugar, debe realizarse un inventario de sustancias peligrosas y las sustancias generadas por los procesos de trabajo como procesos de combustión, gases de escape, humos metálicos, nieblas de aceite, formaldehídos en las colas, vapores orgánicos, productos procedentes del reciclaje y de la eliminación de residuos…
  • Recopilar información sobre cómo gestionar los productos peligrosos existentes, como sustancias químicas, biológicas o carcinógenas.
  • Evaluar la exposición a las sustancias peligrosas teniendo en cuenta el tipo, la intensidad, la duración, la incidencia y la frecuencia de la exposición a los trabajadores.
  • Diseñar un plan de acción que enumere los pasos a seguir para gestionar estas sustancias en orden de prioridad. La posibilidad de eliminación o sustitución debe considerarse como primera opción. Si esto no fuera posible, se debe intentar prevenir o reducir su exposición y como opción última, se debe optar por utilizar un equipo de protección específico en materia de sustancias peligrosas.

Equipos de Protección Individual

Según el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, los grupos de actividad con mayor siniestralidad debido a sustancias peligrosas son la industria manufacturera, la construcción y la agricultura.

Para una correcta protección de los trabajadores, es importante conocer en primer lugar y de forma precisa el tipo y magnitud de los riesgos a los que están expuestos. Una vez identificados los riesgos y evaluados e implantados los sistemas de protección colectivos, la elección correcta del tipo de EPI pasa por un conocimiento de la normativa, de las particularidades de la tarea a realizar y, también, de las particularidades del trabajador:

  • Protección ocular: gafas de montura integral o pantallas faciales. Protegen frente a gotas o salpicaduras de líquidos. También frente a la proyección de partículas a alta velocidad.
  • Protección respiratoria: máscaras autofiltrantes contra gases, vapores o partículas. Protegen frente a la inhalación de sustancias químicas o ausencia de oxígeno.
  • Vestuario de protección: trajes herméticos frente a gases, líquidos o sólidos. Protegen frente al contacto con sustancias químicas.
  • Protección de manos y pies: guantes, cremas y calzado de alta resistencia. Protegen frente al contacto con sustancias químicas.

Fuente: interempresas.net

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