23 de agosto de 2019

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Don Samuel y el olvido de la Presidenta

Corría el año 2004 y las placas de tórax y espirometrías no le eran favorables. Menos aún la audiometrÁ¬a y los análisis de sangre. Un derrame pleural limitó más aún su fuerza de trabajo. Descompaginado como estaba, dio aviso a su patrón, recibiendo con total amabilidad una carta de la ART que desconocía el carácter laboral de sus dolencias.

Se preguntó, si no sería que el cigarrillo el que le causaba tantos males, y decidió dejarlo. Pero sus achaques no lo dejaban a él. Mientras, alternaba por semestres el trabajo en yacimiento y en planta. Tozudo el hombre, decidió pedir otra opinión. Guardo aún la carta en la que, le aconsejan afectuosamente, hacerse atender en la obra social e iniciar el trámite de retiro por invalidez. En 2010, un accidente y la amputación de una falange, lo trajeron a Mendoza capital.

Llegó a mi estudio una tarde, con Justina del brazo, una carpeta amarilla y una bolsa llena de radiografías. Hablaba fuerte y le era dificultoso respirar. Por suerte, su humor no había sufrido los embates de la enfermedad. En la empresa, sabedores de su estado de salud, no lo hacían trabajar aunque le mantenían el salario mínimo hasta que pudiera jubilarse, pues rondaba los 60 años y no había llegado al porcentaje necesario  para jubilarse por invalidez.

Con un dejo de desconfianza, con la incertidumbre de no saber hasta cuándo le iban a mantener el puesto y el sueldo , me hizo la pregunta obligada: -DRA. ¿SE PUEDE HACER ALGO CON LO MÁO?

Hace dos años que empezamos el  derrotero obligado: denunciamos el agravamiento de sus dolencias ante la Aseguradora, para obtener la respuesta esperada: NO PRESENTA CARÁCTER DE ENFERMEDAD PROFESIONAL

En Comisión Médica, se dictaminó neumoconiosis en estudio y a partir de allí  viajes a Mendoza y San Rafael para que le brindaran prestaciones. No en MalargÁ¼e ya que ha quedado en el olvido de la Ley de Riesgos. Un dato: nunca le reconocieron el costo de los pasajes.

Abreviando, un buen día recibe Don Samuel una carta de la ART en donde lo invitan a optar por una Compañía de Seguros de Retiro. ¿?

En correspondencia  que nunca llegó, la CM le determinó su ILPPD. La ART reconocía por tanto un 61% de incapacidad y pretendía, en cumplimiento de la ley, el pago a través de una renta periódica vitalicia.                 

Febrero de 2012 y pregunta obligada: -“Dra, DÁGAME UD. QUÁ‰ HAGO?”

Don Samuel era acreedor a la suma de Pesos Mil Novecientos por mes. Con la jubilación ordinaria otorgada y la ayuda del PAMI, podrían él y Justina, ama de casa, llegar a fin de mes”¦tal vez.   

Pero la renta es vitalicia y la expectativa de vida de Don Samuel…

-HAGAMOS JUICIO- fue mi respuesta, aunque no precipitada. En la ART  me dijeron que solo con sentencia pagarían la suma en una única vez. Por si acaso, mandamos CD dando cuenta de los precedentes de la SCJ, pensando que tal vez, recordarían que el tema, al menos en el ámbito jurídico ya ha sido debatido.

Afortunadamente para Don Samuel, la ART se avino al pago apenas presentada la demanda y terminado el paro de los judiciales.

Pensemos ahora: ¿era necesario todo ese camino? Tanto desgaste y dispendio para lograr solo lo que corresponde, porque el daño lo padece Don Samuel y el y sólo él tiene derecho a decidir cómo emplear su indemnización. No quiere que se la administre un extraño que solo le deja una renta por mes por el tiempo que le quede de vida.

No cuidaron su salud, cuando trabajaba. Ahora no quiere que cuiden su patrimonio. Dejemos a Don Samuel y esperemos que no haya muchos más olvidados en las canteras como él.

Escucho a la Presidenta resuelta a poner fin a la litigiosidad en materia de riesgos del trabajo, como si solo fuera consecuencia de abogados inescrupulosos que pretender lucrar y creo que se olvida -tal vez involuntariamente- que hay otros sujetos que  llevan las de ganar; que el juicio o las indemnizaciones que cobran los trabajadores no les devuelve la salud. Que hay muchos intereses creados que no son los de trabajadores ni empleadores -a ninguno de los dos beneficia este sistema- pero pensemos porqué a tantos años de la LRT, el Sistema aún no se reforma y solo se emparcha, para que el circo siga adelante.

Desde la docencia, me permito trabajar en prevención. El trabajador no deja su uniforme y su enfermedad en un armario y vuelve a su casa sano. Lleva la enfermedad al resto de la sociedad. Trabajadores enfermos son ciudadanos  enfermos.Tal vez el olvido radique en que la prevención no sea un negocio tan rentable.

Hoy le agradezco a Don Samuel su perseverancia, la fé depositada y el permitir que, de tanto en tanto y de vez en vez, pueda encontrarle sentido a lo que hago.

*Abogada, Especialista en Higiene y Seguridad en el Trabajo.

*Ex asesora de la Subsecretaría de Trabajo de la Provincia de Mendoza.

* Docente en la Cátedra de Higiene y Seguridad de la Universidad Tecnológica Nacional.

 

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