18 de septiembre de 2019

España: La enfermedad profesional, un reto preventivo

Es indiscutible que durante décadas, la actividad preventiva de las empresas, mutuas y servicios de prevención se ha visto reducida a tratar de evitar con más o menos fortuna, los accidentes de trabajo, como daños inmediatos y de difícil ocultación, olvidando que la falta de prevención de los riesgos higiénicos, ergonómicos y psicosociales en el trabajo, produce enfermedades profesionales y laborales con mayor sufrimiento, perdida de días de trabajo y unos costes muy superiores al de los accidentes de trabajo.

Si consideramos, exclusivamente el cáncer profesional, (en el supuesto de que se reconociera, como en otros países europeos, la exposición al amianto, sílice, cromo, níquel, disolventes, etc.), o como señala la Agencia Europea de Seguridad y Salud, veríamos que causa diez veces más muertes, costes y sufrimientos que dicha siniestralidad. Al quedar oculto el origen de los daños, el enfermo pierde prestaciones económicas y pierden sentido las inversiones preventivas. Osakidetza, al igual que toda la sanidad publica, corre con gastos que pertenecen a las mutuas. Mientras éstas muestran superávit por su “buena gestión”, la sanidad publica resulta deficitaria, revalorizando así la gestión privada. Un negocio redondo.

Hay un dato alarmante, Euskadi se sitúa como la segunda Comunidad con mayor número e incidencia de enfermedades profesionales registradas, 3.023 en 2011, el 16,68% del conjunto del Estado, de las cuales 1.996 son sin baja, representando el 21,68% del Estado.

Es indiscutible que estás cifras se reducirían drásticamente si nuestra acción sindical se paralizase. Los sanitarios de Osakidetza continúan olvidándose de preguntar al enfermo ¿dónde, cómo y con qué trabajas? Resulta escandaloso que Osakidetza haya comunicado solo 173 sospechas durante 2011, sin producirse reacción alguna de sus gestores políticos, mientras observan el robo de millones de euros a su cartera cediendo cada vez más competencias a las mutuas mientras preparan nuevos recortes a los mas desfavorecidos.

A los gerentes de los servicios de prevención no les importa que tras centenares de miles de reconocimientos médicos, si se les puede llamar así, hayan comunicado 554 sospechas, mayoritariamente hipoacusias, por la presión sindical probablemente, otros tantos habrán sido desviaos a Osakidetza favoreciendo su ocultación. Esta práctica debe ser consecuencia de los ridículos 30 o 33 euros que cobran por realizar una pseudo revisión médica.

Para colmo, las mutuas están desarrollando todo tipo de argucias para impedir que afloren las enfermedades profesionales, con argumentos como: “El derecho a indemnización por tu perdida auditiva ha caducado pues ya la sufrías hace cinco años”, torturar sin límite a enfermos con cáncer de pleura, con recursos contra resoluciones del INSS, negando que barcos de pesca utilizados años atrás tuvieran amianto cuando dichos barcos ya han desaparecido…

Esta práctica de ocultación agotó la paciencia sindical. Cuando analicemos informes médicos y descubramos lesiones cuya sospecha no ha sido comunicada, denunciaremos con todas nuestras fuerzas la practica médica y del servicio de prevención correspondiente. Que nadie nos acuse de hipotecar la viabilidad de algunos servicios de prevención.

No hemos cambiado nuestra estrategia preventiva para buscar exclusivamente la reparación del daño. Está comprobado que ninguna empresa tiene interés por reducir el ruido o sustituir las sustancias cancerígenas mientras los daños y sus costes no sean evidentes. Los daños de origen desconocido no requieren prevención.

Queremos exigir una vigilancia sanitaria de calidad, visualizar las enfermedades profesionales para lograr su prevención y rechazar las crecientes competencias de las mutuas en el control de la enfermedad común. Son objetivos estratégicos en la defensa de la salud laboral y la sanidad pública, frente al negocio a costa de nuestra salud.

Trataremos que esta orientación penetre en las empresas y sectores, fortaleciendo el sindicato, como el mejor instrumento preventivo, pues como dice la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la siniestralidad y daños a la salud en el trabajo, son inversamente proporcionales a la presencia y fortaleza del sindicato en la empresa.

Fuente: deia.com

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