23 de octubre de 2019

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Trastornos músculo-esqueléticos, vulnerabilidad del factor humano

El cuerpo humano es un mecano diseñado para el movimiento dentro de un rango que no debemos sobrepasar. En el ámbito laboral, la acumulación de esfuerzo muscular superando la capacidad de recuperación se salda con trastornos músculo-esqueléticos (TME). Esta vulnerabilidad del factor humano es consecuencia de unas malas condiciones ergonómicas que provocan, entre otras consecuencias, el sobre-esfuerzo bio-mecánico.

Los TME son, con diferencia, las enfermedades profesionales más declaradas, además de representar un serio escollo en la calidad de vida de los trabajadores (dolor y pérdida funcional), con graves repercusiones socioeconómicas.

La elasticidad corporal

Una característica del cuerpo humano es su elasticidad (capacidad de recuperar una forma preestablecida tras someterse a tensiones). Ello es debido a las propiedades visco-elásticas de las partes que componen el sistema locomotor, que nos permiten adoptar posturas y movernos gracias a la acción conjunta de una serie de estructuras específicas (músculos, huesos, tendones, articulaciones y ligamentos).

La sobreutilización (superando, por ejemplo, los límites de la elasticidad corporal) es la causa de la aparición de lesiones que afectan a diferentes partes anatómicas.

-Tendones. En tanto que tejido conectivo fibroso, tienen una alta probabilidad de sufrir lesiones, que conocemos como tendinitis, entesopatías (lesión en la unión tendón-hueso), rupturas fibrilares, tenosinovitis (inflamación del recubrimiento de los tendones), etc.

-Articulaciones. Son la unión de dos huesos, pudiendo ser móviles, semi-móviles o fijas (conocidas también como  suturas, como son las uniones de los huesos craneales). El estrés ergonómico afecta a las articulaciones con algún movimiento. La afección más frecuente es la artrosis o degeneración del cartílago.

-Columna vertebral. Sus problemas derivan de la bipedestación humana y la inestabilidad a que se ve sometida, lo que no ocurre en el caso de los animales cuadrúpedos. Para compensar la inestabilidad, la columna vertebral humana adopta curvas naturales (lordosis y cifosis), aunque también pueden aparecer curvas anómalas (escoliosis), o desviaciones laterales que suelen estar provocadas por dismetrías de las piernas (diferencias de longitud).

Causas y prevención de los TME

Los TME tienen un conjunto complejo de causas interrelacionadas, de actuación simultánea, que se dan en el ámbito laboral y también en el extra-laboral. En el terreno laboral conviene tener presente la concurrencia de factores bio-mecánicos, psicosociales y organizacionales. Los riesgos bio-mecánicos incluyen situaciones de:

-Fuerza-esfuerzo. Están determinados por variables como la intensidad, fuerza requerida, grupos musculares que se usan, dirección del esfuerzo, tipo y calidad del agarre, postura.

-Repetitividad. Constituye un factor multiplicador del esfuerzo.

-Posturas forzadas / inadecuadas. Toda articulación tiene un rango de movimiento, por lo que conviene evitar trabajar al límite y buscar los ángulos de confort. Aumentan el riesgo las posiciones fijas y los gestos que exigen precisión.

La mayor parte de los TME son trastornos acumulativos resultantes de una manipulación repetida de cargas de intensidad baja o elevada durante un periodo prolongado. Tales trastornos afectan principalmente a la espalda, cuello, hombros y extremidades superiores, aunque también pueden afectar a las inferiores.

La incidencia de estos factores es elevada en los centros de trabajo, representando la primera causa de baja laboral en España. Según fuentes sindicales, “es una enfermedad profesional de gran relevancia, que en 1989 suponía el 32% del total de enfermedades profesionales y hoy en día supone el 73%, por lo que la lucha contra estos trastornos resulta una prioridad absoluta”.

La prevención primaria incluye el diseño adecuado, en la fase de planificación, de los puestos de trabajo, herramientas y procesos, con vistas a disminuir el uso de la fuerza, los movimientos repetitivos o la adopción de posturas forzadas o inadecuadas. Sobre este particular conviene tener en cuenta que los esfuerzos prolongados no deben superar el 30-35% de la fuerza máxima de una persona, y que es peor la intensidad del esfuerzo que la duración del mismo.

También forman parte de la prevención primaria las medidas organizativas: distribución adecuada del tiempo de trabajo, rotaciones efectivas (no tiene sentido cambiar de trabajo si se siguen utilizando los mismos grupos musculares), disminuir o evitar posibles fuentes de estrés laboral (factores psicosociales), realización de ejercicios físicos en el trabajo – calentamiento, estiramiento), incorporación escalonada al ritmo de trabajo, etc.

Fuente: proteccion-laboral.com

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