21 de septiembre de 2019

Tato Bores y la prevención

Genialmente nos explicaba Fidanza que en uno de sus últimos ciclos, Tato personificaba a un arqueólogo extranjero que venía al Río de la Plata para estudiar la cultura argentina, miles de años después. En el scketch, veíamos a un Tato perplejo, ataviado de explorador, tratando de entender por qué los argentinos habían construido una cultura tan singular y habían desaparecido.
Imaginemos que intentaran reconstruir las costumbres de trabajo de ese pueblo extinguido. Al principio, experimentarían, acaso, perplejidad ante una serie de hallazgos sin precedentes, en este tema tan particular de la salud en el trabajo. Encontrarían quizás, con asombro, que ya se tenía el conocimiento de la prevención de los distintos riesgos, pero que no se utilizaban por desconocimiento en algunos casos, ignorancia en otros y lo que es peor, por desidia de los que precisamente, debían realizarla.

Descubrirían también un primigenio intento de regular los accidentes de trabajo, con una ley del año 1915, que llevaba por número 9688 y que en el siglo veinte recibió no menos de veinticinco modificaciones, y que vulgarmente se la denominaba “la ley pendulo”. Eso era porque periódicamente se reformaba para beneficiar primero a los empleados pero posteriormente venían otros, y la reformaban mejorando sustancialmente las condiciones de los empleadores, pero posteriormente la volvían a reformar en el sentido inverso. Y así contínuamente de un lado para el otro, como un péndulo.
Otras leyes o “papiros” no menos interesantes para conocer la prevención de este país, que se hacía llamar Argentina fue el famoso decreto 351/79 que nunca se cumplió, por que los empleadores, decían que era muy costoso cumplirla.

Una aparente solución al problema de la falta de prevención habría surgido a fines del siglo veinte, en una ley muy conocida en la época, que era la LRT, o Ley de Riesgos del Trabajo, en donde se creaban las ART o Aseguradoras de Riesgos del Trabajo. Se han encontrado diversos panfletos y paginas escritas sobre la bondad de esta ley, pero parece que sólo existía en la mente de sus realizadores. Porque nadie la cumplía y lo que es peor a nadie le interesaba cumplirla. Aparentemente la Argentina tenía una ley superior denominada Constitución, que se según se puede apreciar era la “madre de todas las leyes”; quién no la cumplía era tachado de “anticonstitucional”, palabra ésta que se fue deteriorando en el tiempo por el desinterés que ocasionaba, porque si bien al principio, ser tachado de anticonstitucional era políticamente bochornoso. Con el tiempo la gente se fue acostumbrando a realizar distintos actos, aunque fueran anticonstitucionales. Por solo dar un ejemplo se constató en diversos papiros que la famosa LRT, había sido tratada de anticonstitucional en numerosas y variadas oportunidades, pero eso no importaba mucho, total las ART seguían recaudando.

Cuando nació esta ley todos pensaban que por fin se realizaría la prevención como correspondía, ya que se decía que era una copia de otro país más adelantado que Argentina, que era vecino y se llamaba Chile. Los prevencionistas entonces saludaron el nacimiento de esta ley con gran alegría pensando que por fin se realizaba un intento serio, pero poco a poco comprobaron que sólo era un cambio “gatopardista”, es decir cambiar algo para que nada cambie.
Los argentinos al referirse a su vecino país, les ponían el mote de “trasandinos”, o sea que estaban detrás de los Andes. Esto también tiene su explicación: los argentinos siempre estaban mirando a la Europa de sus antepasados y el país denominado Chile sólo estaba detrás de ellos, pero cuando descubrieron que el modelo de prevención de los chilenos desde hacía más de cuarenta años era realmente muy bueno, se dispusieron a copiarlo. Y con un buen marketing y la complacencia de las autoridades de la época, lo copiaron a su manera. A raíz de lo cual resultó un mamarracho con marchas y contramarchas, decreto a favor de algo y otro después en contra de lo mismo.

También seguramente conocerían numerosos ensayos de marketing para vender la idea de que las Aseguradoras que creaba esta ley, iban a terminar con la improvisación en el tema prevención de riesgos en las empresas. Los argentinos, ilusos como siempre creyeron que era muy buena, no tardaron mucho en darse cuenta que sólo era negocio para algunos, o mejor dicho para algunas… ART .
Recordarían además que en años anteriores se encontró que las empresas no cumplían con la prevención en un 97 %, lo cual era un horror y se prometía en otro papiro que se llamaba pomposamente “Plan de Mejoramiento”, que en un lapso de veinticuatro meses se harían cumplir, eso era lo que se prometía y por supuesto no se cumplió. Pero fue muy útil para las ART ya que lo usaron como caballito de batalla en el marketing de venta.

A nivel internacional tampoco la Argentina se caracterizaba por su cumplimiento en diversas materias y tampoco en prevención de riesgos. Se supo posteriormente de acuerdo a sesudos estudios realizados con el carbono 14, constatados posteriormente con el carbono 28, (que era el doble de seguro) que de los más de veinte Convenios sobre Salud y Seguridad en el trabajo que la OIT dictó en el siglo veinte, la Argentina no ratificó ninguno, poniendo en evidencia de esa manera la inveterada costumbre de este país de no cumplir con lo que corresponde.
Los científicos, curiosos por naturaleza ante esa cultura extraña, trataron de entender cuántos eran y cómo estaban conformados los distintos sectores o “grupos” que actuaban en la prevención de los riesgos del trabajo, que a veces eran beligerantes entre sí y muy egoístas, siempre dispuestos a imponer sus puntos de vista y renuentes a entablar un diálogo profundo de las causas generales de la falta de prevención, para así encontrar una solución común que sirviera de manera general a todas las partes.

Primeramente encontraron que el grupo más afectado por la falta de prevención era el denominado “grupo de empleados”, que se pintaban a sí mismos con una pintura muy especial. El jefe de la expedición escribiría asombrado, informes como éste: “No podemos dejar de describir algo que nos desconcertó, y es el hecho de que en los lugares denominados fábricas aún teniendo los elementos de protección para que los empleados los usaran, éstos no lo hacían, por que estaban pintados con una pátina especial de los argentinos que denominaban “viveza criolla”. Estos “grupos de empleados” creían que de esa manera eran más “inteligentes”, sin saber que caían rápidamente bajo los riesgos del trabajo, por no haber adoptado los consejos pertinentes.”

Había otro grupo de personas, denominados “sindicalistas”, que eran los representantes de los empleados, en entidades llamadas “gremios”, en las que cobraban buenos dividendos a sus asociados, que en muchas ocasiones y en especial en la llamada industria de la construcción, mandaban a trabajar a sus compañeros sin los elementos de protección correspondiente, claro que ellos recibían, para “mirar para otro lado”, unos emolumentos no tan raros en la época y muy común en Argentina, que vulgarmente se denominaba “coima”.
En otras viejas “memorias” pertenecientes a organizaciones “sindicales”, se encontraron que se exigía que se le diera a cada obrero un litro de leche para “paliar”, los riesgos de ciertos tóxicos que se usaban en el trabajo.
Se señalaba eso como una conquista social del siglo veinte, pero que cincuenta años mas tarde se seguía exigiendo lo mismo, aún cuando ya se sabía que lo único que hacía la leche era aportarle calcio al individuo, pero con respecto al tóxico no lo protegía. En algunas empresas se lo seguía haciendo porque de esa manera los “sindicalistas”, demostraban que se interesaban por sus representados y los “empleadores”, hacían como si de verdad les interesara la salud de sus empleados y además le salía barato cumplir con la ley. Los únicos beneficiados de esta medida, en buena hora, eran los hijos de los “empleados”, que era quienes en definitiva, se la tomaban.

Encontrarían también que había un “grupo de empleadores” que no querían realizar prevención o no lo hacían porque existía un “adagio mentiroso”, creencia muy arraigado en esa época, que era repetir que la “prevención era cara”. Y que a fuerza de repetirlo constantemente casi todas las empresas terminaron por creerlo como algo cierto, cuando precisamente lo cierto era lo contrario, la prevención nunca fue cara, lo que costaba mas es precisamente la falta de prevención. Todo esto según “otro papiro”, encontrado entre los restos de numerosas fábricas de lo que fue la Argentina.
Otra “falacia circulante” en esa época, dentro del grupo de empleadores, era que las empresas que hacían prevención, lo podían hacer porque eran grandes empresas, sin darse cuenta que esas empresas se hicieron grandes porque entre otras cosas, realizaban correctamente la prevención de los riesgos del trabajo con sus empleados.

Muchos empleadores se ufanaban en ese momento de poder cumplir las Normas ISO 9000, 18000, 45000, 190.000 y algunas otras mas, en donde precisamente uno de los puntos a cumplir era que la empresa fuera sustentable y saludable. O sea cumplir con la prevención de los riesgos de su propio trabajo. De acuerdo a evidencias encontradas en “papers” de la época, quienes se dieron cuenta de esto rápidamente, fueron las grandes empresas o multinacionales que viniendo de otros países venían con una cultura preventiva acorde a su casa matriz.

Según otras publicaciones de la época había otro grupo llamado “los prevencionistas” que no se cansaban de pregonar que había que realizar prevención, pero al parecer nadie los escuchaba. Entre los prevencionistas había nítidamente “dos grupos” bien definidos, que entre ellos a veces se llevaban bien y a veces no, uno llamado “médicos laborales” y otro denominado “ingenieros laborales”. No siempre trabajaban en forma coordinada y al parecer a veces producían ciertos desencuentros que en lugar de sumar restaban a la prevención.
También existía otro grupo denominado los “abogados laborales”, quienes también “abogaban”, por la prevención, pero ellos no eran muy convincentes por que precisamente eran ellos quienes más se beneficiaban cuando existían accidentes o enfermedades profesionales, por la falta de prevención.
Parece que con la viveza criolla, habían encontrado un jueguito misterioso que muchos denominaban “juicios laborales”, con los cuales ganaban dinero defendiendo a las viudas y viudos, que se morían por los accidentes. De estos personajes, había algunos más adelantados que no esperaban que los vinieran a buscar sino, que salían ellos mismos a esperarlos en los hospitales cuando venían en las ambulancias, que eran vehículos especialmente formados para llevar heridos. A esta rama se los conocía vulgarmente como “correambulancias”, y eran rápidos, porque hasta llegaban a alcanzarlas.

La verdad es que en muy pocas culturas habíamos registrado conductas tan raras.
Había otro grupo de personas, algunas bien intencionadas y otras no, que precisamente debían hacerse cargo de hacer prevención al parecer eran unas entidades comerciales denominadas ART, pero como sus verdaderos fines eran hacer lucro (y no locro que eso en argentina era otra cosa), nunca se llegó a realizar la prevención necesaria y mientras tanto se morían cuatro o cinco personas por día por la falta de prevención.
Existía también una herramienta de control que en otras culturas fue muy bien utilizada que se denominaban “estadísticas”. Esta herramienta muy útil a veces, al parecer en Argentina no daban el resultado esperado por los representantes del Estado y sus cifras, caían en un agujero negro perdiéndose en el mismo. Estadísticas que fueron también irreconocibles y totalmente desprestigiadas al igual que lo que ocurría en la misma época con las estadísticas de otro “entedenominado INDEC, con la diferencia que aquí no fue un agujero negro, si no uno “Moreno”.

Por encima del grupo de las ART, existía algo que era gris, intocable y a veces invisible e inexistente, denominado “el Estado”, que paradójicamente debía controlar que las ART, a su vez controlaran a las empresas para que éstas realizaran la prevención, pero como el estado prácticamente no existía, nadie controlaba nada e incluso en algunos casos se dedicaba a “tapar” las cosas incorrectas que las ART hacían. Esto se daba por ejemplo en el caso de una herramienta que el estado había encontrado y que después la hizo desaparecer y que se denominaba SIEDART.

El SIEDART era un interesante programa que había implementado la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y que servía para medir el grado de incumplimiento de las ART que era mucho. Al Superintendente que lo comenzó a aplicar lo retiraron posteriormente sin explicaciones por haber tenido la osadía de inventarlo. Con esa herramienta en la mano se podía comprobar que el grado de incumplimiento de las ART era casi tan alto como los incumplimientos de las empresas (97 %), que se hablaba antes, con lo cual se ponía en evidencia que no se había realizado nada en prevención en todos esos años.
Pero la realidad demostraba que las que incumplían en ese momento eran las ART con el agravante que cobraban mensualmente por algo que no realizaban. También surgen evidencias de varias ART extranjeras que vinieron a Argentina, atraídas por el buen negocio que era: cobrar por un servicio prometido y no cumplirlo. Parece que pronto los extranjeros también se pintaron con la “viveza criolla”.

Los “empleadores” pagaban rigurosamente la cuota de seguro a las ART, y éstas “seguro” que no aportaban nada en la prevención y le complicaban más las cosas a los empleadores. Claro que ellos se daban cuenta recién cuando perdían un juicio laboral, y tenían que pagar las indemnizaciones correspondientes. Una pregunta sin respuesta muy común entre ellos, era: ¿y entonces para que estoy pagando las ART?. Nadie sabía responderlas.

Un cambio rotundo de la apreciación general de las ART, lo daba lo que sedenominaba “Sentencia Judicial”. Hubo una muy famosa por el sacudón que dio en su momento una sentencia que todos conocían como “Aquino”, pero poco a poco se fue desdibujando su importancia y pronto se dieron cuenta que “A qui no” ha pasado nada. Todo siguió igual que antes, muriéndose anualmente cuatro o cinco personas por día, por falta de prevención.
En alguna parte del espacio cibernético de ese entonces, se encontró evidencias que contenían unos escritos elegantes, que en esa época se llamaban “leyes” y que todos deberían cumplir pero que lamentablemente nadie cumplió y por eso habría desaparecido no sólo la prevención del país, sino el país mismo.
Lo que no queda muy bien claro es si las ART vinieron por la falta de prevención o la falta de prevención la trajeron las ART, o ambas cosas pueden ser verdaderas.
También había un grupo llamado “medios de comunicación”, muy importantes en todas las culturas que hemos estudiado, pero que en Argentina según quienes eran sus dueños, informaban o desinformaban lo que querían.

No queda claro el por qué los argentinos precisamente hacían todo al revés, se negaban a realizar la prevención, pero nadie decía nada porque no se daban cuenta o porque no les convenía hacerlo. Ese era el caso de numerosos medios de comunicación, que para “olvidarse” cobraban algo, que se denominaba tanda publicitaria.
Sin duda, esta tanda era algo muy querido y venerado, ya que le llamaban “la torta publicitaria”, y es sabido que los argentinos llamaban torta a algo muy rico, que cuando la probaban siempre querían una mayor participación. Lo anterior se puso de manifiesto al encontrar diversos “diarios”, ajados por los años transcurridos en donde se podía encontrar ciertos balances realizados por los periódicos de la época, al año de comenzar la LRT, a los dos años y posteriormente se olvidaron para tratar de comer la torta publicitaria que le ofrecían.

Alguna vez -apuntaría el reporte, se encontraban numerosas quejas por la falta de prevención, sobre todo cuando se caía un individuo de un andamio de un 5to piso, entonces todos los medios periodísticos hablaban y escribían grandes titulares, pero después de un par de días, como siempre ocurría en este país, todos se olvidaban y seguían realizando las cosas igual que antes sin darle importancia a la prevención de los riesgos del trabajo. Mientras tanto se morían cuatro o cinco personas por día, pero como eso siempre le ocurría a “los otros”, muy pocas personas, lo tenían en cuenta.

Al parecer existía un papiro, que llamaban LRT que aparentemente siempre estaba en estudio para realizarle algunos cambios pero que posteriormente no se realizaban, por distintos motivos. En algunos años, porque eran años denominados electorales y en otros por que directamente los legisladores, no se les “cantaba las ganas”, (argentinismo éste no muy comprendido por los integrantes del equipo de arquéologos), pero mientras tanto los empleados seguían muriendo cuatro o cinco personas por día y los empleadores pagando.
En algunos medios de difusión se puede leer después de los años transcurridos que los grupos denominados sindicalistas y los empleadores, manifestaban que siempre estaban dialogando con los representantes del Estado, para mejorar las condiciones de trabajo. Posteriormente se comprobó que esos denominados diálogos no eran tales y sólo trataban de sacar un mejor partido para sus respectivos grupos y la prevención no contaba para nada. Mientras tanto se seguían extinguiendo los argentinos poco a poco a razón de cuatro o cinco por día.

Algo que llamó mucho la atención de nuestros investigadores, continúa el informe arqueológico, que en 2009, una gran epidemia de Dengue, que los médicos argentinos anteriormente ya creían que estaba terminada desde hacía más o menos 20 años, comenzó a presentarse de nuevo a partir de un brote del mismo en determinada provincia del norte. Tal vez por descuido de las autoridades que no supieron detectarla a tiempo, o seguramente de los pobladores marginales, desnutridos y analfabetos, que no sabían que era. O sólo porque “la culpa la tenía el mosquito”, como dijo en ese entonces la ministra de salud de esa provincia y se fue apurada a preparar su renuncia para presentarse como diputada de algo que llamaban “testimonial”.

Pero lo que llamó poderosamente la atención y que fue determinada fehacientemente con el estudio de internet 5.0, que en el período de cinco meses de 2009, fallecieron sólo cinco personas, en ese transcurso el gobierno de turno y los numerosos particulares, acertadamente harían una inmensa campaña de prevención del Dengue, en la cual no quedó casi nadie de la población que no supiera como prevenirlo.
Realmente un acierto de la prevención, que cuando es bien entendida, se realizaba como corresponde.

Esta campaña decididamente fue muy comentada por todos lo medios de comunicación y fue muy importante, pero no se realizó lo mismo con el tema de prevención de riesgos del trabajo, en el cual se murieron en trece años de vigencia, hasta 2009, la cantidad de 13.000 personas en el acto que los argentinos usaban para ganarse la vida.

Este contraste de cifras y de campañas de prevención sólo podría ser explicado por la frialdad y desinterés con que se tomaban las muertes por accidentes de trabajo, versus las muertes por Dengue. Y es, que en la fría y egoísta mentalidad argentina, primaba el convencimiento de que los accidentes y enfermedades del trabajo eran cosas que siempre le ocurrían “a los otros”, en cambio el Dengue era “para todos”. No otra podría ser otra la calificación de las distintas magnitudes de prevención realizadas en uno y otro caso. Lo que pinta de cuerpo entero, a estos humanos que se denominaron argentinos.

Argentinos que, se cree, se fueron extinguiendo por varias causas, una de ellas es como decíamos antes la poca importancia que le daban a la prevención de los riesgos del trabajo.

Visto desde la perspectiva que dan miles de años, los científicos concluirían que, tanto los llamados empleadores como los denominados empleados ambos tenían razón, por que descubrieron tal vez muy tarde para la época que se vivía, que cuando había un infortunio laboral, siempre eran dos personas las que sufrían las consecuencias, el denominado empleado en su cuerpo y el empleador en su bolsillo.

Sin embargo, se encontró posteriormente algunos sobrevivientes de la cultura argentina que manifestaron haber sido descendientes de dos grupos de personas bien definidas que jamás habían estado expuestas a los por ellos calificados “nefastos riesgos del trabajo”.

Ellos dijeron que lograron sobrevivir por que pertenecían a dos grupos bien diferenciados de los anteriores. Uno de ellos eran los denominados “empleados públicos” y los otros que curiosamente vivían de unos planes, que no podemos clasificar, llamados entonces “planes trabajar”.

Tato Bores y la arqueología
El gran “Actor Cómico de la Nación” Tato Bores. (Mauricio Borensztein – 1927-1996) dijo una vez que los arqueólogos intentaban demostrar que la Argentina existió.
Y que nadie sabía porque había desaparecido, mientras mostraba un mapa de América del Sur donde el lugar ocupado por la “mítica” Argentina es parte del océano atlántico.
A partir de allí se tejen innumerables historias sobre los “Argentinos”: Que son únicos, que son “mas papistas que el Papa”, que Gardel cada día canta mejor… y Maradona… y la Selección… y la Crotoxina… en fin. Nadie ha podido, según Tato, demostrar que los Argentinos existieron.
Pero algo es seguro: de haber existido son únicos y una raza aparte.

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