18 de enero de 2020

El trabajo esclavo en textiles aumenta el riesgo de tuberculosis

De acuerdo con una investigación del CONICET, las condiciones de vida y trabajo en los talleres textiles clandestinos aumentan  los riesgos de contraer tuberculosis y otras patologías. A eso fomenta las condiciones de precariedad, hacinamiento e insalubridad que caracterizan esos recintos, en que los trabajadores comen, duermen y viven con sus hijos.

Tráfico de personas, trata y reducción a la servidumbre son tres de los delitos asociados con la explotación de trabajadores inmigrantes de Bolivia en los talleres textiles clandestinos de la Ciudad de Buenos Aires donde se fabrican prendas de indumentaria. La investigación fue realizada por Alejandro Goldberg, investigador adjunto del CONICET en el Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA, y analizó la incidencia de la tuberculosis en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano, donde se reportan más de la mitad de los casos del país: las situaciones de riesgo en estos establecimientos provoca el aumento de casos y genera otros problemas de salud de tipo respiratorio, posturales y visuales. “Los datos muestran que si bien la mayor parte de los casi 2500 casos notificados de tuberculosis hasta 2011 en capital correspondía a “˜nativos”™ argentinos, los que aparecían en inmigrantes bolivianos mostraron un crecimiento sostenido, fundamentalmente desde 2004 en adelante”, analiza Goldberg, que realizó la investigación a pedido de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación.
Como ejemplo, en el área del Hospital Piñero, en el barrio de Flores,  se registró una incidencia de 198 casos cada 100 mil habitantes, una tasa muy superior al promedio de 37,5 casos en la Ciudad de Buenos Aires y la media nacional argentina, que es de 26 casos cada 100 mil, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.
Goldberg comenta que la zona sur-oeste concentra los barrios más pobres y donde se concentran la mayoría de los talleres. “Estos datos sobre la incidencia diferencial de la tuberculosis permiten comprobar la forma en que las desigualdades sociales se traducen en desigualdades en salud”, escribe en su investigación. Tras entrevistar a trabajadores y extrabajadores de talleres, el informe explica que estos suelen ser lugares cerrados y oscuros, con poca ventilación, higiene defectuosa y problemas edilicios, donde los trabajadores cubren jornadas de entre 15 y 18 diarias y muchas veces viven ahí, incluso con sus hijos.
Goldberg explica que son justamente estas condiciones las que potencian los riesgos de infección y aumentan las posibilidades de contraer la infección. “La mala alimentación, el hacinamiento, la inhalación permanente del polvillo que despiden las telas al trabajarse, las situaciones de violencia cotidiana y las condiciones precarias de subsistencia de estos trabajadores puede provocarles una baja en las defensas que los expone a la infección, el contagio y el desarrollo de la tuberculosis”, dice.
La Organización Mundial de la Salud calcula que aproximadamente la tercera parte de la población mundial tiene tuberculosis latente; es decir que están infectados por el bacilo pero aún no han enfermado ni pueden transmitirla. La patología aparece cuando las defensas bajan, como por ejemplo en casos de desnutrición o condiciones de vida insalubres.
Hugo Gramajo, investigador principal del CONICET en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, explica que la desnutrición, el estrés provocado por las malas condiciones de vida y trabajo provocan “una baja importante de las defensas del organismo, que hace que el bacilo de la tuberculosis se contagie con mayor facilidad y la persona pueda hacer en ese caso una infección aguda o, si ya tenía el microorganismo alojado en sus pulmones en estado latente, que se active y provoque la enfermedad”.
Al hacinamiento y la falta de higiene se suma el hecho de que al cortar la tela se desprende un polvillo que penetra en las vías respiratorias. La situación se agrava por la falta de ventilación de estos espacios cerrados. Pero, además, los trabajadores presentan problemas posturales, afectación de las vías respiratorias, pérdida de la visión, anemias crónicas o debilitamiento del sistema inmune. «
 
Barbijos contra la pelusa
 
Para realizar el estudio, el equipo del CONICET entrevistó a trabajadores y ex trabajadores de talleres, migrantes de origen boliviano que acudieron al hospital Muñiz para consultar o internarse por cuadros de tuberculosis. Además, consultaron a médicos, enfermeros, asistentes sociales y psicólogas del hospital, e instituciones vinculadas a la comunidad migrante boliviana. “Se dice que los bolivianos traen la enfermedad desde su país, pero en realidad este incremento en los casos se asocia más con los modos de vida, vivienda y trabajo que sufren en nuestra sociedad”, asegura Goldberg, quien puntualizó la necesidad de utilizar barbijos “para no aspirar la pelusa que se desprende al cortar las prendas” y otros elementos de seguridad como guantes metálicos para el cortador, calzado de goma, gafas de protección ocular y protectores de agujas.

Fuente: info.news

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