19 de agosto de 2019

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El libro que no hay que dejar de leer.

Escrita por el multifacético catalán, cuenta con la autoría de la compilación realizada por Marcelo Lagos, María Silvia Fleitas y María Teresa Bovi y numerosos historiadores, tales como Norberto Huber, Miguel Murmis, Silvana Palermo, entre otros.

Este volumen reúne artículos que abordan, distintos enfoques y perspectivas, situaciones y problemáticas incluídas en el Informe o propias de nuestros finales de siglo. Contemporaneidad de Bialet Massé, historiografía, género, conflicto y luchas sociales, cultura y consciencia obrera, etnia y clase, trabajo, capital y proyecto nacional, en fin, múltiples facetas del trabajo y los trabajadores de Argentina en 100 años de historia, que permiten analizar y reflexionar en un amplio abanico, no sólo esa realidad sino también compararla con la actual.

Aquí se destacan los aspectos conocidos de su obra, pero asimismo las sombras que hay sobre su biografía, especialmente la relacionada con la estancia en su país natal antes de su llegada a la Argentina en 1873. Por sus páginas vemos transitar al Bialet docente, empresario, jurista, escritor, también los lazos familiares y redes sociales que supo tejer. El trabajo se completa con un listado bibliográfico de sus obras publicadas.

Testimonió la desprotección legal o la inequidad en la aplicación de las leyes, (“no hay ley buena en manos de juez malo”), la injusticia de los impuestos indirectos, el proceso de concentración de las grandes empresas y la agonía de las artesanales (para nosotros las Pymes). A pesar de todo, como hombre de su tiempo tenía fe en el progreso y el futuro, para él “Argentina era un país rico con población pobre”.

Bialet no sólo diagnosticaba, como médico que era, sino que también proponía remedios, y en lo estrictamente laboral, opinaba que el Estado debía intervenir, reglamentar, a favor de los más débiles y dejar de lado la ortodoxia liberal que entendía las relaciones laborales como asunto privado entre trabajadores y patrones.
Sus conceptos que ahora consideraríamos ecológicos, ya estaban en sus escritos, por ejemplo allí podemos leer, que Bialet manifestaba “Jamás olvidaré aquella naturaleza, refiriéndose a los valles subtropicales de Jujuy, no he visto otra semejante; y si por mi mano estuviera no permitiría cortarle ni una rama, para los que por allí pasaran pudieran tener el concepto del Edén real y vivo”.

Uno de los capítulos escritos por Bialet, lleva por nombre “La destrucción del bosque”, y en él se expone la tala indiscriminada, el derroche, la imprevisión, un arrasamiento que no deja nada para el país ni los habitantes del monte. “…La explotación del bosque del Nordeste argentino, se retira sin dejar rastros, labrando gruesas fortunas, que se van a gozar afuera, dejando una masa de hombres extenuados y envejecidos por un trabajo tan malamente explotado”.

Las inquietudes y preocupaciones por la protección del medio ambiente recién tendrían inicio en nuestro país, medio siglo después de la muerte de Bialet, de allí la importancia de su previsión de advertir que en su presente se están dejando campos desvastados para las generaciones futuras. Algo que hoy podemos comprobar y sufrir a diario.

Reconoce Bialet que los prejuicios generalizados que califican al indio de desidioso, desconfiado, vicioso e indolente, no impiden que se lo explote y estafe “…sin él no hay ingenio azucarero, ni algodonal, ni maní, ni nada importante”, nos relata. Nadie puede soportar mejor que él las privaciones y las penurias en climas tórridos y extenuantes. Por eso reclama como deber moral del hombre “civilizado”, poner en práctica acciones que lo saquen del aislamiento y la brutalidad.
Como veremos más adelante, él propondrá un plan civilizatorio, para salvar tal estado de cosas. Por otro lado observa con espíritu empresario y práctico al indígena como mano de obra y fustiga a quienes aún propugnan por su eliminación. “¿Se querrá exterminar al pueblo entero?, ¿Con quién se quedarán los exterminadores?, y de qué vivirán?, ¿traerán una falange de ángeles del cielo para trabajar?.”

Bialet ve en el Chaco un área de expansión y futura potencialidad, pero también un territorio donde las condiciones ecológicas y climáticas hacen difícil la vida y más aún, el trabajo. Según sus cálculos habitan allí uno cien mil indios. Desde el punto de vista de cualquier empresario, éstos deben constituir la fuerza de trabajo para las tareas más rudas y sacrificadas, puesto que los que mejor se adaptan a tales condiciones. Entonces como renegar de él.

El texto de Bialet Massé, escrito hace mas de cien años, en realidad parece haberse escrito ayer.

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