Como país que procesa apenas una tercera parte de la basura que produce, Gran Bretaña está acostumbrada a exportar buena parte del resto hacia distintos destinos, China incluida. Sólo que esta vez se "excedió". Envió 1.600 toneladas de "desechos tóxicos" a Brasil. En total, la Policía Federal y el Instituto Brasileño de Medio Ambiente (Ibama) contabilizaron 98 contenedores distribuidos en tres puertos: Santos (en el estado de San Pablo); Caxias do Sul y Río Grande (en Río Grande del Sur). Cuando los abrieron, la sorpresa fue mayúscula: dentro de los gigantescos recipientes había bolsas de sangre, preservativos, pañales, jeringas, material hospitalario desechado. También hallaron juguetes sucios con un cartel en portugués que rezaba: "Deben ser lavados antes de ser entregados a niños pobres brasileños".
El primer lote, de 40 contenedores, fue encontrado en uno de los puertos gauchos, el Río Grande. Contenían 755 toneladas de basura procedentes de hospitales ingleses. El jueves de la semana pasada, las autoridades brasileñas ya habían localizado otros 16 contenedores y el viernes, la policía marítima de Santos se topó con otros 25.
El cargamento llegó a las terminales portuarias de Brasil como de plásticos destinados al reciclado. La apertura de los recipientes determinó que el material era "basura doméstica".
Los fiscales del Ministerio Público Federal, que intervinieron en el caso, determinaron que el envío procedía de un único lugar: el puerto inglés Felixtowe, el mayor de Gran Bretaña para el transporte marítimo y uno de los más grandes de Europa.
El viernes pasado, el presidente de Ibama, Roberto Messias, se indignó: dijo sentirse "furioso" y que Brasil "no es el basurero del mundo". Exigió la inmediata repatriación del material tóxico a su lugar de origen, el Reino Unido. De acuerdo con los funcionarios brasileños, el hecho viola la convención de Basilea firmada tanto en Londres como en Brasilia, y que entró en vigor en 1992. Establece que ningún país podrá mandar desechos tóxicos a otro. Ingrid Oberg, jefa regional paulista de Ibama, contó que había visto algunos recipientes abiertos en el puerto de Santos. "La carga olía muy mal y decidimos no abrir el resto de los contenedor para evitar la contaminación de toda el área aduanera".
Por: Eleonora Gosman (Clarín 21/07/09)